miércoles, 10 de agosto de 2016




¿QUÉ ES EL SER HUMANO?


Respuesta 1.

Felipe Fernández Armesto
Para entender al ser humano hay que compararlo con otros animales. Los animales tienen historia hasta cierto punto. Es una cuestión de grado, no de esencia. Pero nada comparado con la nuestra: tan intensa, tan variada, tan llena de sucesos. He llegado a la conclusión de que el motor del cambio es la imaginación, y esta juega un papel importante en la cultura. Los humanos imaginamos un mundo distinto del que vivimos y trabajamos para alcanzarlo. Planteo la tesis de que esa increíble imaginación humana procede de la unión de dos facultades evolucionadas. Una es la memoria, que es la capacidad de ver lo que ya no está. En el caso de la memoria humana, su magia es que es muy falaz. Distorsionamos los hechos que recordamos. Por eso la falsa memoria es creativa. El segundo ingrediente es la anticipación, una facultad que nos permite ver lo que aún no está. Mientras que la memoria humana es débil y falaz, nuestra facultad de anticipación es superdotada, está por encima de la de otros animales. Los cazadores tienen que anticipar la situación de la presa y sus movimientos. Esa combinación de memoria falsa y anticipación aguda da lugar a que seamos lo que llamo animales imaginativos.

La doctrina tradicional que asegura que los seres humanos somos superiores está muy cuestionada. Tenemos que ajustarnos mentalmente a una nueva situación, más igualitaria, entre las especies. Creo que los humanos tenemos ciertas capacidades mejor adaptadas para la vida humana, pero si fuéramos a la selva nosotros seríamos los tontos. La inteligencia es una cualidad muy relativa. Los chimpancés dominan nuestro lenguaje con gran certeza, mientras nosotros parecemos sordomudos cuando intentamos comunicarnos con ellos con su propio lenguaje. Ni en términos de inteligencia ni de lenguaje está el caso tan claro. Hay animales culturales, en el sentido de que tienen conductas que no son instintivas, sino que se desarrollan por aprendizaje.


Respuesta 2:


Michael Foucault
«En todo caso, una cosa es cierta: que el hombre no es el problema más antiguo ni el más constante que se haya planteado el saber humano. Al tomar una cronología relativamente breve y un corte geográfico restringido -la cultura europea a partir del siglo XVI- puede estarse seguro de que el hombre es una invención reciente. El saber no ha rondado durante largo tiempo y oscuramente en torno a él y a sus secretos. De hecho, entre todas las mutaciones que han afectado al saber de las cosas y su orden, el saber de las identidades, las diferencias, los caracteres, los equivalentes, las palabras -en breve, en medio de todos los episodios de esta profunda historia de lo Mismo- una sola, la que se inició hace siglo y medio y que quizá está en vías de cerrarse, dejó aparecer la figura del hombre. Y no se trató de la liberación de una vieja inquietud, del paso a la conciencia luminosa de una preocupación milenaria, del acceso a al objetividad de lo que desde hacía mucho tiempo permanecía preso en las creencias o en las filosofías: fue el efecto de un cambio en las disposiciones fundamentales del saber. El hombre es una invención cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueología de nuestro pensamiento. Y quizá también su próximo fin. Si esas disposiciones desaparecieran tal como aparecieron, si, por cualquier acontecimiento cuya posibilidad podemos cuando mucho presentir, pero cuya forma y promesa no conocemos por ahora, oscilaran, como lo hizo, a fines del siglo XVIII el suelo del pensamiento clásico, entonces podría apostarse a que el hombre se borraría, como en los límites del mar un rostro de arena»



Respuesta 3.


Steven Pinker
SOMOS NUESTRO CEREBRO.  Steven Pinker es profesor de Psicología en la Universidad de Harvard y autor de varios textos imprescindibles: Cómo funciona la mente (Destino, 2004) y La tabla rasa: la negación moderna de la naturaleza humana (Paidós, 2003), entre otros. En La tabla rasa, Pinker analiza todos los nuevos conceptos evolucionistas para intentar encontrar el origen biológico de la naturaleza humana y —no menos importante— para intentar saber por qué esta visión ha sido tildada de cínica y ha sido negada históricamente. «A mucha gente le molesta la idea de que la mente humana sea un producto de la evolución, porque ésta es una visión cínica que requiere que los humanos sean violentos y competitivos», explica el profesor Pinker. «La mayoría de biólogos evolucionistas creen, por ejemplo, que el altruismo surgió por evolución en los seres humanos, porque si dos personas se hacen favores, ambos obtienen mejores resultados que si se comportan de un modo egoísta. Por tanto, la evolución también puede verse como la fuente del sentido moral y de las tendencias sociales positivas: la capacidad de amar, las emociones de la simpatía, la gratitud, la lealtad... todas estas emociones positivas son productos de la evolución, y se han desarrollado junto a los aspectos negativos de nuestra naturaleza». Se trata de concebir nuestra mente —y no sólo nuestro cuerpo— como producto de la evolución. Pero ¿qué es en realidad la evolución? Llamamos evolución al conjunto de cambios que se producen como consecuencia de la selección natural; y la selección natural no es sino la selección de aquellos genes que proporcionan un comportamiento más adecuado al entorno en el que se vive. Por tanto, la interacción genes-entorno es la clave, y también el centro de un debate importante. Imaginemos un jugador ante un videojuego. El jugador responderá a las exigencias del juego y, dependiendo de lo que éste requiera, se convertirá en un jugador más táctico o más agresivo. Pero... ¿hasta qué punto se convertirá en un jugador táctico o agresivo? ¿No será que está utilizando habilidades tácticas o agresivas de las que ya disponía? Este es el debate: genes versus entorno. ¿Qué determina en mayor grado nuestra naturaleza: el mundo exterior o la información genética? Eduardo Punset El alma está en el cerebro. Ed. Aguilar, Madrid 2006 Steven Pinker piensa que no tiene mucho interés preguntarse qué es más importante, los genes o el entorno. «Sí: no es una pregunta muy relevante porque, si no fuera porque los genes nos proporcionan un cierto tipo de cerebro, el entorno no tendría ningún efecto trascendente. Un gato y un niño pueden crecer en el mismo entorno y, sin embargo, se desarrollan de forma diferente. ¿Por qué? Porque el gato tiene unos genes que le hacen responder a unas partes del entorno diferentes de aquellas a las que responde un niño. Los seres humanos no son como los juguetes mecánicos, que están en el mundo sin procesar ningún tipo de información. Lo que los genes nos proporcionan es la capacidad de reaccionar de forma inteligente a nuestro entorno en formas particulares». Cuando se completó el Proyecto Genoma Humano, se descubrió que en el genoma humano había sólo unos treinta mil genes. Algunos pensaron que semejante escasez genética no era suficiente para construir un gran cerebro, y demostraba que debemos de tener mucho espacio para el libre albedrío. Esta supuesta falta de material genético alimenta lo que se ha llamado «el mito del fantasma en la máquina»: la creencia de que las personas estamos habitadas por un alma inmaterial, responsable del libre albedrío y que no puede reducirse al funcionamiento del cerebro. Es una idea muy antigua y enraizada que está en el trasfondo, por ejemplo, de la polémica por el uso de células madre. ¿Los embriones de los que proceden estas células están ya provistos de alma y, por tanto, son ya una persona... o todavía no? Es la idea de que somos algo más que moléculas. Además, treinta mil genes es una cifra semejante a la de otras especies menos complejas. Por tanto, parece que estamos ante una prueba irrefutable de que el principal escultor de la naturaleza humana es el entorno porque, simplemente, no hay genes suficientes para construir algo tan complejo como nuestra mente. Esta afirmación podría ser cierta si aceptamos que esos treinta mil genes no pueden construir un cerebro como el que poseemos. Steven Pinker piensa que esa idea es una falacia: «Hay otros organismos, como la lombriz de tierra, que tiene veinte mil genes, y no nos gustaría pensar que este pequeño gusano tiene más libre albedrío que nosotros. Lo importante es cómo se expresan los genes, la receta particular por la que los genes construyen estructuras biológicas de determinadas maneras en momentos determinados del desarrollo embrionario». Por tanto, no es una cuestión de la cantidad de genes, sino de cómo operan dichos genes. A los humanos nos gusta pensar que tenemos un cuerpo (que incluye el cerebro) y una mente o alma. Y nos encanta creer que esa mente, alma o espíritu controla de algún modo nuestro cerebro, del mismo modo que una persona controla un ordenador. Sin embargo, lo cierto es que «todos los fenómenos que siempre hemos pensado que correspondían al alma, las emociones, la moralidad, el razonamiento, la percepción, la experiencia, todos, consisten en actividades fisiológicas en los tejidos cerebrales. La neurociencia demuestra que no se trata de que nosotros tengamos un cerebro, sino de que nosotros somos nuestro cerebro». 

Respuesta 4. 
Miguel de Unamuno
El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Más veces he visto razonar a un gato que no reír o llorar. Acaso llore o ría por dentro, pero por dentro acaso también el cangrejo resuelva ecuaciones de segundo grado. 

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Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre
Lo que determina a un hombre, lo que le hace un hombre, uno y no otro, el que es y no el que no es, es un principio de unidad y un principio de continuidad. Un principio de unidad primero en el espacio, merced al cuerpo, y luego en la acción y en el propósito. Cuando andamos, no va un pie hacia adelante y el otro hacia atrás; ni cuando miramos, mira un ojo al Norte y el otro al Sur, como estemos sanos. En cada momento de nuestra vida tenemos un propósito, y a él conspira la sinergia de nuestras acciones. Aunque al momento siguiente cambiemos de propósito. Y es en cierto sentido un hombre tanto más hombre cuanto más unitaria sea su acción. Hay quien en su vida toda no persigue sino un solo propósito, sea el que fuere.
Y un principio de continuidad en el tiempo. Sin entrar a discutir —discusión ociosa— si soy o no el que era hace veinte años, es indiscutible, me parece, el hecho de que el que soy hoy proviene, por serie continua de estados de conciencia, del que era en mi cuerpo hace veinte años. La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir.
Todo esto es de una perogrullería chillante, bien lo sé; pero es que, rodando por el mundo, se encuentra uno con hombres que parece no se sienten a sí mismos. 


miércoles, 20 de julio de 2016



¿PODEMOS CONOCER EL UNIVERSO?
REFLEXIONES SOBRE UN GRANO DE SAL
Por: Carl Sagan


La ciencia es mucho más una determinada manera de pensar que un cuerpo de conocimientos. Su objetivo es descubrir cómo funciona el mundo, detectar las regularidades que puedan existir, captar las vinculaciones que se dan entre las cosas —desde las partículas elementales, que pueden ser los constituyentes últimos de toda materia, para organismos vivos, la comunidad social de los seres humanos y, como no, el cosmos contemplado en su globalidad. Nuestra intuición no es ni por asomo una pauta infalible. Nuestras percepciones pueden verse falseadas por la educación previa y los prejuicios, o simplemente a causa de las limitaciones de nuestros órganos sensoriales que, por descontado, só1o pueden percibir directamente una pequeña fracción de los fenómenos que se producen en el mundo. La ciencia se fundamenta en la experimentación, en un ansia permanente de someter a prueba los viejos dogmas, en una apertura de espíritu que nos permita contemplar el universo tal como realmente es.

El principal rasgo definitorio de la ciencia es pensar de verdad toda cosa: el tamaño de las nubes y las formas que adoptan, incluso en su estructura más profunda, en cualquier parte del cielo para una altitud dada; la formación de una gota de rocío sobre una hoja; el origen de un nombre o una palabra; la razón de una determinada costumbre social humana, como por ejemplo el 25 tabú del incesto; por qué una lente sobre la que incida la luz solar puede quemar un papel; que razón nos hace ver un bastón de paseo como una pequeña ramita; por qué parece seguirnos la Luna cuando paseamos; que nos impide perforar la Tierra con un agujero que llegue hasta el centro del planeta; qué sentido tiene el término «abajo» en una Tierra esférica; de qué modo el cuerpo puede convertir la comida de ayer en el músculo y el nervio de hoy; donde están los límites del universo, ¿puede este expandirse indefinidamente, o no?; ¿tiene algún significado la pregunta de que hay más allá? Algunos de estos interrogantes son singularmente fáciles de responder. Otros, especialmente el último, son misterios de los que no conocemos la solución incluso en nuestros días. Son interrogantes naturales a resolver. Toda cultura se ha planteado, de una u otra forma, tales cuestiones. Las respuestas propuestas casi siempre han sido de categoría «narrativa» o «fabulada», con explicaciones divorciadas de toda tarea experimental, e incluso de toda observación comparativa cuidadosa.

Pero la mentalidad científica examina el mundo críticamente, como si pudieran existir otros muchos mundos alternativos, como si aquí pudiesen existir cosas que ahora no encontramos. Y en consecuencia, nos vemos obligados a responder por qué cuanto vemos es así y no de otra forma. ¿Por qué son esféricos el Sol y la Luna? ¿Por qué no piramidales, cúbicos o dodecaédricos? ¿Por qué tal simetría en el mundo? ¿Por qué, incluso, no tiene formas irregularmente caprichosas? Si alguien gasta parte de su tiempo proponiendo hipótesis, comprobando si tienen sentido y si concuerdan con cuanto ya conocemos, pensando en pruebas experimentales que den validez o se la nieguen a nuestras hipótesis, este alguien está haciendo ciencia. Y a medida que van tomando más y más fuerza estos hábitos de pensamiento, más a gusto se halla el individuo con ellos. Penetrar en el corazón de las cosas —incluso en el de las más pequeñas, en el de una brizna de hierba, corno dijera Walt Whitman— produce un tipo de excitación y alegría que parece muy posible que, de todos los seres que pueblan este planeta, solo puedan experimentarla los seres humanos. Somos una especie inteligente, y un uso adecuado de nuestra inteligencia nos produce placer. En este aspecto, el cerebro es como un musculo. Cuando pensamos bien, nos sentimos bien. Comprender es un cierto tipo de éxtasis.

Pero, ¿hasta qué punto podemos conocer en realidad el universo que nos rodea? A veces esta pregunta la plantean individuos que esperan obtener una respuesta de tonos negativos, que sienten temor ante la idea de un universo del que algún día se llegue a conocer todo. Planteemos de momento una pregunta mucho más modesta. No nos preguntemos si podemos conocer la naturaleza del universo, la Vía Láctea, una estrella o un mundo sino si nos es dado conocer, en última instancia y de forma pormenorizada, la naturaleza de un grano de sal. Consideremos un microgramo de sal de mesa, una partícula apenas lo suficientemente grande como para que alguien con una vista muy aguda pueda detectarlo sin la ayuda de un microscopio. En este grano de sal hay alrededor de 1E+16 millones de átomos de cloro y sodio, es decir, 10.000 billones de átomos.

Si deseamos conocer la estructura de este grano de sal, necesitamos determinar como mínimo las coordenadas tridimensionales de cada uno de sus átomos. (De hecho precisamos conocer muchas más cosas, como por ejemplo la naturaleza de las fuerzas con que se interaccionan los átomos, pero para el case nos contentaremos con cálculos de gran modestia). Pues bien, ¿la cifra indicada es mayor o menor que el número de cosas que puede llegar a conocer el cerebro humano? ¿Cuál es el límite de informaciones que puede albergar el cerebro? En nuestro cerebro quizá haya un total de 1E+11 neuronas, los circuitos elementales y conexiones responsables de las actividades química y eléctrica que hacen funcionar nuestras mentes. Una neurona típica tiene como mucho un millar de pequeñas terminaciones, las dendritas, que establecen su conexión con las contiguas. Si, como parece ser, a cada una de tales conexiones le corresponde el almacenamiento de un bit de información, el número total de cosas cognoscibles por el cerebro humano no excede de 1E+14 es decir, la cifra de los 100 billones. En otros términos, algo así como el 1 % del número de átomos que contiene una pequeña partícula de sal. Desde tal punto de vista el universo se nos convierte en inabordable, asombrosamente inmune a todo intento humano de alcanzar su completo conocimiento. Si a este nivel no nos es dado comprender la exacta naturaleza de un grano de sal, mucho menos lo será determinar la del universo.

Pero observemos con mayor atención nuestro microgramo de sal. La sal es un cristal que, a excepción de eventuales defectos que puedan presentarse en su estructura reticular, mantiene posiciones bien predeterminadas para cada uno de los átomos de sodio y de cloro que lo integran. Si pudiésemos contraernos hasta posibilitar nuestra incursión en tal mundo cristalino, podríamos ver, fila tras fila, una ordenada formación de átomos, una estructura regularmente alternante de átomos de sodio y cloro, con lo que tendríamos especificada por completo la capa de átomos sobre la que estuviésemos colocados y todas las demás situadas por encima y por debajo de ella. Un cristal de sal absolutamente puro tendría completamente especificada la posición de cada uno de sus átomos con unos 10 bits de in- formación. Evidentemente, tal estado de cosas no abrumaría en lo más mínimo la capacidad de almacenar información propia del cerebro humano.


Si el universo tiene un comportamiento regulado por leyes naturales con un orden de regularidad similar al que determina la estructura de un cristal de sal común, es obvia nuestra capacidad para abordar su conocimiento. Incluso en el supuesto de que existan muchas de tales leyes, de considerable complejidad cada una de ellas, los seres humanos gozan de la necesaria capacidad para comprenderlas todas. Y en el supuesto de que los conocimientos precisos sobrepasaran la capacidad dc almacenamiento de información de nuestros cerebros, quedaría la posibilidad de almacenar información adicional fuera de nuestros propios cuerpos —por ejemplo, en libros o en memorias magnéticas de computadora—, de modo que, en cierto sentido, seguiría siendo posible el conocimiento del universo. Los seres humanos se hallan enormemente motivados para emprender la búsqueda de regularidades, de leyes naturales, cosa por lo demás perfectamente comprensible. La búsqueda de leyes, el único camino posible para llegar a comprender un universo tan vasto y complejo, recibe el nombre de ciencia. El universo obliga a quienes lo pueblan a entenderlo. Aquellos seres que se topan en su experiencia cotidiana con un confuso revoltillo de eventos imprevisibles y carentes de regularidad se encuentran en grave peligro. El universo pertenece a quienes, al menos en cierta medida, lo han descifrado.

Después de leer, complete las siguientes ideas coherentemente según lo que está escrito en el texto

- Según el texto, la estructura del grano de sal...
- Una característica que define la ciencia es ...
- A diferencia de la ciencia, las respuestas que han dado las culturas a lo largo del tiempo ...
- Con respecto a la posibilidad de conocer el universo, el autor considera que ...
- El autor cita las palabras de Whitman para...









¿LIBERTAD O FALTA DE MEMORIA?


Baruch Spinoza 1632 -  1677 Filósofo racionalista


"Los más creen que sólo hacemos libremente aquello que apetecemos escasamente, ya que el apetito de tales cosas puede fácilmente ser dominado por la memoria de otra cosa de que nos acordamos con frecuencia, y, en cambio, no haríamos libremente aquellas cosas que apetecemos con un deseo muy fuerte, que no puede calmarse con el recuerdo de otra cosa. Si los hombres no tuviesen experiencia de que hacemos muchas cosas de las que después nos arrepentimos, y de que a menudo, cuando hay en nosotros conflicto entre afectos contrarios, reconocemos lo que es mejor y hacemos lo que es peor, nada impediría que creyesen que lo hacemos todo libremente. Así, el niño cree que apetece libremente la leche, el muchacho irritado, que quiere libremente la venganza, y el tímido, la fuga. También el ebrio cree decir por libre decisión de su alma lo que, ya sobrio, quisiera haber callado, y asimismo el que delira, la charlatana, el niño y otros muchos de esta laya creen hablar por libre decisión del alma, siendo así que no pueden reprimir el impulso que les hace hablar. De modo que la experiencia misma, no menos claramente que la razón, enseña que los hombres creen ser libres sólo a causa de que son conscientes de sus acciones, e ignorantes de las causas que las determinan, y, además, porque las decisiones del alma no son otra cosa que los apetitos mismos"





Dado el contenido textual anterior, somos verdaderamente libres cuando

A. Actuamos bajo nuestra conciencia
B. Realizamos nuestros anhelos
C. Hacemos realidad nuestros temores
D. Tomamos decisiones apresuradas

De acuerdo con el discurso textual de Baruch de Spinoza este contenido es de tipo

A. Informativo porque da a conocer una temática objetiva
B. Argumentativo porque contiene justificaciones válidas
C. Narrativo ya que relata ciertos acontecimientos
D. Expositivo ya que presenta un contenido preciso

El léxico empleado en el contenido del fragmento anterior es una evidencia de un estilo

A. Sarcástico y burlesco
B. Objetivo y cotidiano
C. Urbano y callejero
D. Metafórico y simbólico

A partir de la lectura anterior se puede inferir que para los escritores racionalistas

A. La experiencia es más objetiva que la razón
B. La libertad depende de la experiencia
C. La razón es más objetiva que la experiencia
D. La libertad depende de la ignorancia

En el contenido textual anterior se enfrentan

A. Acciones y temores
B. Deseos y apetitos
C. Libertad y conciencia
D. Experiencia y razón




¿QUÉ ES LA ILUSTRACIÓN?





La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esa minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la coducción del otro, ¡sapare aude! !Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración.  Kant 1789.








 Miércoles, 24 de agosto de 2011  
Tomado de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/08/110824_especies_censo_am.shtml
Existen en el planeta 8,7 millones de especies, de acuerdo con un nuevo censo que, según sus autores, es el más preciso que se ha realizado hasta el momento.

Pero la mayor parte de esta riqueza natural aún no se conoce. Sólo se han identificado 1,3 millones de especies, lo que significa que aproximadamente el 86% de las especies terrestres y el 91% de las marinas aún no se han descubierto, según explicó el autor líder del estudio, el biólogo colombiano Camilo Mora, profesor de la Universidad de Hawaii, en Estados Unidos.

El estudio representa para el experto una "llamada de atención muy grande para la raza humana".El censo "es un avance grandísimo. Llevamos 250 años tratando de contestar la pregunta de cuántas especies existen y nuestra ignorancia era tal que pensábamos que la cifra podía estar entre 3 y 100 millones", dijo Mora a BBC Mundo.
"Nuestro desarrollo depende casi exclusivamente de especies, la comida que nos comemos, el aire que respiramos, el agua que tomamos. Imagínense lo que es descubrir que todos estos servicios se obtienen del 10% por ciento de las especies que conocemos, el 90% está por descubir. La potencialidad de encontrar especies que pueden ayudar a los seres humanos es increíble."
El científico agrega que "esos ecosistemas de los que dependemos se componen de 8,7 millones de partes de las cuales sólo conocemos 1,3 millones. Tenemos un desconocimiento completo del sistema de nuestro soporte de vida como especie".
"

Para Mora, el censo es también un punto de referencia para apreciar la magnitud de la pérdida de biodiversidad.
"Es especialmente importante conocer la cantidad de especies ahora porque la actividad humana y su influencia tienen un impacto en la aceleración de la extinción", señaló Mora.
Los investigadores advierten que muchas de las especies desaparecerán antes de ser identificadas.
En un comentario que acompaña la publicación del estudio en la revista PLoS Biology, Robert May, ex presidente de la Academia de Ciencias Británica, afirma que "es un gran testamento al narcisimo de la humanidad que sepamos exactamente cuántos libros había el 22 de febrero de este año en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (22.194.656) pero no conozcamos con cuántas especies de plantas y animales compartimos nuestro planeta".

Cálculo 

"La cuestión de cuántas especies existen ha intrigado a los científicos durante siglos", señaló Mora.
Para realizar el censo, los científicos utilizaron un nuevo método que toma en cuenta la relación numérica entre los diferentes niveles en la clasificación de especies o taxonomía.
En 1758, el biólogo sueco Carl Linnaeus creó el sistema taxonómico de clasificación que, con modificaciones, se sigue utilizando hoy en día.

ESPECIES

  • Animales: 7,77 millones (12% descritas)
  • Hongos: 611.000 (7% descritas)
  • Plantas: 298.000 (70% descritas)
  • Protozoos: 36.400 (22% descritas)
  • Algas y mohos: 27.500 (50% described)
Especies cercanas por sus características pertenecen al mismo género. Los géneros se agrupan en familias, que a su vez se reúnen en órdenes, luego clases, filos y finalmente reinos (como el reino animal).
Cuanto más arriba subimos en la jerarquía taxonómica, menos frecuentes son los nuevos descubrimientos. Es más común que se conozcan nuevas especies que nuevas clases, por ejemplo.
Los investigadores cuantificaron la relación entre el descubrimiento de nuevas especies y el hallazgo de grupos más amplios como filos u órdenes, y utilizaron esta relación matemática para predecir el número probable de especies.
"Hemos descubierto que utilizando los números de los grupos taxonómicos superiores podemos predecir el número de especies", indicó Sina Adl de la Universidad de Dalhousie, en Halifax, Canadá y coautor del estudio.
Adl agregó que con este método calcularon con exactitud el número de especies en grupos bien documentados, como los mamíferos, lo que ha demostrado la validez del método.
En el estudio participaron, además de científicos de la Universidad de Dalhousie y la Universidad de Hawaii, Derek Tittensor del Centro Mundial de Monitoreo de Conservación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA (World Conservation Monitoring Centre, WCMC).

Más de 1.000 años

Al actual ritmo de registro de especies nuevas, identificar a los 8,7 millones de especies llevaría más de 1.000 años, aunque técnicas novedosas como el uso de códigos de barras para el ADN podrían acelerar el proceso.

En total, los científicos calculan que hay 7,77 millones de especies de animales, de los cuales 953.434 ya se han catalogado; 298.000 especies de plantas, de las que ya hay registradas 215.644, y 611.000 especies de hongos, de los cuales 43.271 están registrados.
Además, habría 36.400 especies de protozoos (organismos unicelulares) de los cuales se han descrito 8.118. Y hay 27.500 especies de chromista, que incluye a especies de algas y mohos, de los cuales 13.033 se han descrito.
No se incluyen en el estudio bacterias y microorganismos.

"Cifra conservadora"

Los descubrimientos taxonómicos pueden ayudar en el desarrollo de variedades resistentes de cultivos como arroz o trigo.
"
"Teniendo en cuenta los problemas de alimentar a una población mundial en crecimiento, los beneficios potenciales de un aumento gradual de este conocimiento taxonómico son claros", dijo May.
Los autores del estudio seguirán refinando los sistemas de cálculo.
Para el director del programa de conservación del Zoológico de Londres, Jonathan Baillie, el estudio "utiliza un método creativo e innovador, pero como todo método puede tener problemas y creo que la cifra es probablemente conservadora".
"Lo importante, más allá de si no es exacta por uno o dos millones, es que sabemos muy poco sobre las especies con que compartimos la Tierra y estamos transformando hábitats naturales rápidamente, con total ignorancia de nuestro impacto sobre las especies que viven en ellos".

jueves, 9 de junio de 2016





AHORA, A RECUPERAR LO LEÍDO





De acuerdo a los anteriores textos publicados en este blog para grado 10 ("¿Qué es la Filosofía?" "¿Qué es la Filosofía antigua?" y "Dos y una manera de entender la Filosofía"), y utilizando los apuntes de las clases vistas durante el segundo periodo, debe intentarse completar el siguiente texto de la manera más coherente posible.


EXAMEN FILOSOFÍA 10.

Existen dos grandes formas de pensamiento que atraviesan el mundo. Una primera representa al ________(1), cuyas características encontramos en aquellas sociedades como las europeas y tiempo después en las de América. El pensamiento occidental ha producido un tipo de filósofo distinto al que originalmente se le atribuyó la palabra, su tendencia es la de __________(2) con el propósito de profundizar en el entendimiento de la realidad. Sin embargo, el proyecto occidental de la verdad no se ve reflejado en la forma de vida de los pensadores, pareciera que esta búsqueda no produce resultados finales, es como si  el filósofo occidental ____________(3).  El pensamiento occidental demanda de ____________________ (4) para validarse. Por esta razón se aleja ________(5) considerándolo una forma de conocimiento fantasiosa. Hoy por hoy, se cree que la ciencia avanza rápidamente mientras la filosofía se estanca, pero esto no se debe más que, al hecho que la filosofía ______________(6)

Por otro lado, se encuentra el pensamiento configurado en oriente,  que tiene origen en las culturas milenarias como China, ________(7), Egipto, etc. El desarrollo del pensamiento oriental busca fundamentalmente la comprensión  ________(8), a través de  un entendimiento  de la realidad como un todo. Este pensamiento parte de la convicción de que el hombre y la naturaleza _____________(9). Si el hombre se reconoce como parte del mundo, entonces lo entiende mejor, ejemplo de ello se encuentra en la filosofía de Pitágoras, quien consideraba como principio fundamental del cosmos a  ________(10).
Como producto del pensamiento oriental aparece la figura del ________(11), quien busca el conocimiento como algo que le conecta con el mundo. No necesita saber toda la información acerca de todo, sólo lo necesario para __________ (12). La historia del pensamiento reconoce a Tales de Mileto y a Pitágoras como filósofos cuyo carácter coincide con el pensamiento oriental. Sócrates fue quizá el último sabio que conoció la historia de la filosofía. Se trata de pensadores cuyas vidas estaban marcadas por sus concepciones filosóficas, es decir, que __________(13).

En la filosofía occidental ya no existe el afamado sabio.  A eso se refiere Deleuze cuando pone en duda el significado de filosofía como amor a la sabiduría: La sabiduría ha cambiado mucho. Por ello resulta tan difícil averiguar qué significa ser “amigo” de ella. Si se acepta la definición normal según la cual la filosofía es amor a la sabiduría,  habría que aceptar por lo menos, que la amistad es al mismo tiempo una cierta _________(14) con el conocimiento mismo, es decir que en el corazón del pensamiento occidental hay una fuerza que exige una confrontación con el __________(15) mismo, por ello el filósofo no lo acepta como si simplemente fuera la verdad, sino que siempre está  tratando de refutarlo, desconfiando de los conceptos que han sido creados en el pasado.

Si comparamos la función de la filosofía teniendo en cuenta la existencia de estas dos maneras de abordar la realidad, hallaremos que la concepción oriental estará guiada hacia la ___________ (16), entendiéndola como saber vivir, en otras palabras el conocimiento sólo tiene sentido si ____________(17).

Del lado occidental se entenderá que la filosofía debe ____________ (18) para moldear la realidad. Crear conceptos es el papel del filósofo, no simplemente reflexionar porque ________________(19). Es importante entender que los conceptos son como ____________(20) para poder entenderla. El que crea conceptos no se limita a contemplar la realidad, sino que busca transformarla, abrir un __________(21). Los conceptos son importantes porque logran darle _______________ (22)

Por un lado, la sabiduría, por el otro lado la ciencia. Con la sabiduría se comprende, con la ciencia se explican fenómenos. Will Durant lo expone de la siguiente manera: La ciencia nos dice cómo curar y cómo matar, pero únicamente la sabiduría puede decirnos cuándo curar y cuándo matar.

Por su parte, Julián Marías invita a desarrollar una mirada integradora. Es menester – dice - comprender la filosofía de modo que en la idea que de ella tengamos quepan, a la vez, las dos cosas: _______ y __________(23). Ambas son, en definitiva, verdaderas, puesto que han constituido la realidad filosófica misma. Y solo podrá encontrarse la plenitud de su sentido y la razón de esa dualidad en la visión total de esa realidad filosófica; es decir, en la historia de la filosofía. Hay una indudable implicación entre los dos modos de entender la filosofía. El problema de su articulación es, en buena parte, el problema filosófico mismo. Pero podemos comprender que ambas dimensiones son __________(24), y de hecho nunca se han dado totalmente desligadas.

**Las opciones con las que se pueden llenar los espacios están en "más información"

miércoles, 8 de junio de 2016




PARA RECUPERAR ONCE


EL ESTADO Y EL INDIVIDUO


Leer e interpretar los siguientes textos. Es recomendable responder las preguntas que los acompañan.




Texto 1.

Spinoza entendía que el fin del estado no era distinto al de los individuos singulares que lo integraban, es decir, todos tenían como meta común preservar su vida y su libertad de acuerdo con la razón. Esta idea de estado, en la que muchos autores han visto tintes utópicos, contrastaba mucho con la realidad de la época que le llevaba a denunciar, por ejemplo, que “el gran secreto del régimen monárquico y su máximo interés consiste en mantener engañados a los hombres y en disfrazar, bajo el nombre de religión, el miedo con el que se los quiere controlar, a fin de que luchen por su esclavitud, como si tratara de su salvación, y no consideren una ignominia, sino el máximo honor, dar su sangre y su alma para orgullo de un solo hombre”. 

Según el texto, el concepto de Estado que tenía Spinoza no se reflejaba en la realidad de su tiempo porque…

Cuál es la crítica fundamental que lanza Spinoza hacia el régimen monárquico?


Texto 2.

Dado que el alma de la República es la virtud, la igualdad, y dado que vuestro objetivo es fundar y consolidar la República, es evidente que la primera norma de vuestra conducta política debe ser dirigir todas las obras al mantenimiento de la igualdad y al desarrollo de la virtud; puesto que la principal preocupación del legislador debe ser la de fortificar el principio sobre el que se basa su poder de gobierno. Así pues, todo aquello que tienda a aumentar el amor a la patria, a purificar las costumbres, a elevar los espíritus, a dirigir las pasiones del corazón humano hacia el interés público, deben ser adoptadas e instauradas. Mientras que todas las cosas que tiendan a concentrar las pasiones en la abyección del yo personal, a resucitar el interés por las pequeñas causas y el desprecio por las grandes deben ser rechazadas o reprimidas. 
(Robespierre. Sobre los principios de la moral política)


¿Cuál es la idea principal del texto?

¿Qué acciones podrían ser condenables en la actualidad si asumimos las posturas de Robespierre?


Texto 3. 

Cuando nos  hablan sobre la Revolución Francesa nos solemos imaginar un proceso revolucionario en donde el pueblo unido se levantó contra la opresión de la monarquía absoluta para conseguir una sociedad libre e igual. ¿Muy bonito no? Esto es porqué a menudo solo se habla de las consecuencias positivas que radicaron de la Revolución Francesa, tales como la división de poderes, la soberanía nacional… Lo que no se suele hacer es un balance de las pérdidas y los problemas que ocasionó la Revolución para Francia. Y es que en realidad la Revolución Francesa tuvo un lado oscuro que muchos desconocen. No niego que los ideales por los que estaban movidos los revolucionarios eran positivos, ahora bien, como dice el dicho “el fin no justifica los medios”. Y es precisamente en esto, en los horrores de la Revolución Francesa, en los que me voy a centrar.Lo que está claro es que la manera en que fue llevada la revolución fue totalmente desastrosa. Sí que es verdad que, como bien dijo Danton para justificar lo que estaba ocurriendo, “una revolución no es un camino de rosas”. En eso estoy de acuerdo, pero tampoco se trata de que sea un baño de sangre, porque eso es lo que fue: 25 años de continuos cambios políticos, de extrema violencia y de guerras por toda Europa que causaron la muerte a muchos.
 https://hcoakhouse2.wordpress.com/2012/10/09/los-principios-de-la-revolucion-francesa-libertad-igualdad-fraternidad-y-sangre-4/


Compare el texto 2 y el texto 3 e interprete

¿Para qué se cita en el texto a Danton cuando dice "una revolución no es un camino de rosas"?







jueves, 12 de mayo de 2016





PARA BUSCAR LO HUMANO HAY QUE MIRAR EN LO PROFUNDO






Donde la muerte no significa decir adiós...

Por Amanda Bennet


Para los torayas, la muerte del cuerpo no es una separación abrupta y final, como en Occidente. En vez de eso, la muerte es tan solo un paso en un proceso largo que se desarrolla gradualmente. A los seres queridos que han muerto se los atiende en casa durante semanas, meses, incluso años después de la muerte. Los funerales, a menudo, se posponen el tiempo necesario para reunir a los familiares que se encuentran lejos. Las ceremonias funerarias más grandiosas duran una semana y atraen a los torayas de vuelta a casa en una diáspora inversa desde cualquier lugar del mundo en donde pudieran estar. Cuando una brigada de cien o más motocicletas y autos pasan por un pueblo al acompañar un cadáver hacia su hogar, desde lejos, el tránsito se detiene como no lo podría lograr una ambulancia ni un oficial de policía. Aquí la muerte triunfa sobre la vida. 

Los torayas no rechazan el tratamiento médico. Tampoco escapan del dolor cuando muere un ser querido; pero lejos de rechazar la muerte, casi todos aquí la tienen como el centro de la vida. Ellos creen que la gente no está en verdad muerta cuando fallece y que una conexión profundamente humana perdura mucho más allá del deceso. Para muchos torayas la muerte no es un muro de ladrillos sino un velo de gasa. No es una separación sino otro tipo de conexión. A menudo, en Toraya el enlace profundo con un ser amado no termina en la tumba. De manera periódica, algunos torayas del norte sacan a sus parientes de las tumbas para darles mortajas y ropas limpias.

Un funeral toraya grandioso se mide por el número y la calidad de los búfalos que sirven como una especie de moneda. Todo lo que se refiere al funeral es jerárquico, lo que cimiento el estatus de la familia del muerto: la gente que asiste y los muchos que no. En una semana, abunda la comida, las recepciones, las reniones, las oraciones, el entretenimiento y rituales coreografiados, con cuidados que gradualmente separan al muerto de la vida. El cuerpo se mueve del hohar hacia el edificio ancestral, el teongkonan, de ahí a un granero con arroz y después a la torre funeraria que sobresale entre la planicie ceremonial.

Los funerales unen fuertemente a los torayas, una familia con otra, una aldea con otra. Los funerales consumen los ahorros pues la gente quiere sobrepasar a los demás en el número de animales, lo que crea obligaciones para múltiples generaciones y un consumo conspicuo. ¿Tu primo dona un búfalo? Tú debes dar uno más grande. ¿No puedes pagar una deuda pasada? Entonces tu hijo o tu hija deben hacerlo y, si no pueden, la carga caerá sobre tus nietos. Este lado oscuro de las obligaciones funerarias puede escucharse claramente en los gritos del maestro de ceremonias que anuncia a los regalos. "¿De quién es este cerdo? - pregunta con un altavoz  - ¿de quién es este búfalo?". 

Lo importante, dicen los torayas, es que no solo son individuos, la muerte de una persona es apenas una puntada en un intrincado lienzo emocional, social y económico que se extiende hacia atrás con los ancestros y hacia adelante con los hijos. Me pregunto: ¿cómo llegaron a creer esto los torayas?

Me doy cuenta de que estoy haciendo la pregunta equivocada. Parece que los torayas están conectados más profundamente que nosotros a la forma en que la gente siente la muerte en todas partes: el deseo de permanece conectado con los seres queridos en cuerpo y espíritu, creer que la gente no muere permanentemente, tener y convertirse en un ancestro. Así que la pregunta no es ¿por qué los torayas hacen lo que hacen?, sino ¿por qué nosotros hacemos lo que hacemos? ¿Cómo nos distanciamos tanto de la muerte, que después de todo, es solo una parte de la vida? ¿Cómo perdimos el sentido de estar conectados unos con otros, con nuestro lugar en la sociedad, en el universo?




Texto 2.


Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad. Nada hay que cause temor en la vida para quien está convencido de que el no vivir no guarda tampoco nada temible. Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera. El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros, porque mientras vivimos no existe, y cuando está presente nosotros no existimos. Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya. A pesar de ello, la mayoría de la gente unas veces rehúye la muerte viéndola como el mayor de los males, y otras la invoca para remedio de las desgracias de esta vida. El sabio, por su parte, ni desea la vida ni rehúye el dejarla, porque para él el vivir no es un mal, ni considera que lo sea la muerte. Y así como de entre los alimentos no escoge los más abundantes, sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer.


Texto 3.

A muchos de nosotros nos es muy difícil hablar de la muerte, y ello principalmente por dos razones. Una de ellas es de carácter psicológico y cultural; es un tema tabú…, hablar de la muerte puede considerarse, a nivel psicológico, como otra forma de aproximación indirecta (es decir, con nuestro comportamiento y formas verbales aludimos al tema de la muerte)…, por tanto, para ahorrarnos el trauma psicológico, decidimos evitar el tema siempre que nos sea posible…, La segunda razón de la dificultad de discutir la muerte es más complicada y se relaciona con la naturaleza del lenguaje. En su mayor parte, las palabras del lenguaje humano aluden a cosas que hemos experimentado con nuestros sentidos físicos. Sin embargo, la muerte es algo que recae más allá de la experiencia consciente de la gran mayoría de nosotros, pues nunca hemos pasado por ella.  Raymond Moody


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Texto 4.

Para los egipcios, el ser humano estaba formado por cinco componentes: cuerpo, ka, ba, sombra y nombre. Tras la muerte, estos elementos se disgregaban, y para que el difunto pudiera revivir en el más allá era necesario que volviera a unirse, lo cual se lograba mediante rituales funerarios. La momificación se encargaba de que el cuerpo del difunto no desapareciera, proporcionando a su ba (conjunto de características no físicas que definen a una persona como individuo) un punto desde el cual salir y al cual retornar tras sus merodeos por el mundo de los vivos. Para que esto fuera posible, era necesario devolverlo a la vida mediante el rito de la apertura de la boca. El objetivo de la ceremonia era tocar con el instrumento elegido cada uno de los orificios de la momia. De este modo, el difunto podía volver a oír, comer, defecar, hablar, tener relaciones sexuales, etc.., en el más allá. National Geographic.