Por qué los niños japoneses deben lavar los baños de sus escuelas |
| Ayudar a la limpieza ayuda a crear conciencia cívica y desarrollar el sentido de lo público. Foto: Marcelo Hide. tomado de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151119 Tomado de www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151119 |
sábado, 21 de noviembre de 2015
MODELO EXAMEN RECUPERACIÓN FILOSOFÍA 10° NSQ
Cada espacio debe ser llenado de manera coherente de acuerdo a las lecturas propuestas. Para ello debe escogerse la opción correcta en cada caso.
¿De dónde hemos venido? ¿Quién o qué rige el destino de los hombres y
los fenómenos de la naturaleza? Desde los albores de la humanidad, los hombres
se han sentido profundamente intrigados por preguntas como estas. Diferentes
formas de comprensión emergieron en los pliegues de la historia humana. Al
principio trataron de dar __________(1) a las fuerzas que controlan el mundo
aferrándose al tipo de conocimiento que les era accesible a partir de sus
propias vidas. Imaginaban que cualquier cosa o quienquiera que fuera lo que
controlaba su entorno lo haría de la misma forma en que ellos se esforzaban por
controlar las cosas: originalmente habían creído que su destino estaba bajo la
influencia de seres que actuaban de acuerdo a ___________(2). Tales fuerzas
impulsoras podían ser el orgullo, el amor, la ambición, la rabia, etc. El curso
de los fenómenos se entendía como el capricho de dioses o diosas motivados por
tales impulsos humanos, este curso tomaba forma en _________(3) llamadas mitos. El mito es la forma de
comprensión más fundamental y pretérita de todas, con la que los pueblos ______________________(
4) del mundo y de ellos mismos.
Pero, en el decurso de la historia, hace unos _______(5) se fue
consolidando un tipo de conocimiento distinto, basado en una premisa
fundamental: todos los fenómenos de la naturaleza tienden a ________( 6 ),
tienen un orden que no depende al parecer de nadie. Si se repiten puede
encontrarse una manera de describirlos, explicarlos y hacer ___________(7) .
Esta revolución creó el cosmos del _________(8), convirtiendo la
realidad en algo que podía conocerse. Algunos consideran que esta revolución es
el nacimiento de ___________( 9) o bien, el llamado paso del __________( 10). No hay una interpretación única de las causas
que produjeron tal paso. Algunos ingleses como Burnet han insistido en que la
Filosofía y la ciencia son productos de un tipo especial de pensamiento, un
sentido racional que es propio de los _________(11). Esta tesis del «milagro
griego» no explicaba realmente nada y, además, mostraba un cierto eurocentrismo
al no querer tampoco reconocer
__________(12) de los saberes babilonios y egipcios sobre los primeros
pensadores griegos. Para otros, como
Cornford la conjunción de los factores sociales como la __________( 13) es lo
que permite entender este nacimiento. ¿Por qué allí en ________ (14) y no en
otras culturas más antiguas como la Hindú o la china se produjo la aparición de
la Filosofía? Carl Sagan añade que, en aquella multitud de islas diferentes había
toda una variedad de sistemas políticos,
los jonios estaban en una encrucijada de civilizaciones donde no había
una concentración de poder que pudiera imponer ___________(15) Aquello hizo posible el desarrollo de una
actitud crítica.
Esta relación entre las condiciones sociales (históricas, culturales,
económicas) y el desarrollo de las diferentes formas de comprensión como la
religión y ________( 16),es la cuestión
fundamental que debe impulsarnos a revisar el pasado. ¿Qué formas de
comprensión fueron propias en la democracia griega, en la República romana o en
la formación del estado colombiano?
Sin embargo, estas preguntas sobre el pasado deben arrojarnos certezas
sobre el futuro. ¿Qué cosas nos esperan
en el futuro en una sociedad en la que prevalecen formas de comprensión
alejadas de la ciencia? Carl Sagan nos
ayuda a entender este panorama. El mundo globalizado será una economía de
_________( 17) e información; quienes puedan ofrecer esto mantendrán una
ventaja sobre los demás, casi todas las industrias que se dedican a “hacer” ya
han sido desplazadas a los países del tercer mundo; los temibles poderes
tecnológicos estarán en manos _________(18) y nadie que represente el interés
público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá
perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con
conocimiento a los que ejercen la autoridad; mientras tanto, las personas del común seguirán aferradas a
sus creencias, consultando su suerte en el horóscopo del periódico, o pagando a
las adivinadoras. La _____________(19) y la superstición le ayudan a la mayoría
de personas a aferrarse al mundo, sin prestar atención a la ciencia que parece
aburrida. La sociedad futura será una
especie de celebración de la ignorancia. Mientras más nos deslumbramos con los
productos tecnológicos como los celulares, menos sabemos de la ciencia detrás
de ellos. La moraleja más clara, es que
si hoy dependemos del conocimiento de otros países, mañana ______________(20).
sábado, 3 de octubre de 2015
TEXTO 1. EL ESPINAZO DE LA NOCHE
Por: Carl Sagan
Reproducido con fines exclusivamente pedagógicos.
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| Fotografía: Larry Ladolfy |
Casi todos nosotros
descendemos de pueblos que respondieron a los peligros de la existencia
inventando historias sobre deidades impredecibles o malhumoradas.
Durante mucho
tiempo el instinto humano de entender quedó frustrado por explicaciones
religiosas fáciles, como en la antigua Grecia, en la época de Homero, cuando,
había dioses del cielo y de la Tierra, la tormenta, los océanos y el mundo
subterráneo, el fuego y el tiempo y el amor y la guerra; cuando cada árbol y
cada prado tenía su dríada y su ménade.
Durante miles de
años los hombres estuvieron oprimidos como lo están todavía algunos de nosotros
por la idea de que el universo es una marioneta cuyos hilos manejan un dios o
dioses, no vistos e inescrutables. Luego, hace 2 500 años, hubo en Jonia un
glorioso despertar: se produjo en Samos y en las demás colonias griegas
cercanas que crecieron entre las islas y ensenadas del activo mar Egeo
oriental.
Aparecieron de
repente personas que creían que todo estaba hecho de átomos; que los seres
humanos y los demás animales procedían de formas más simples; que las
enfermedades no eran causadas por demonios o por dioses; que la Tierra no era
más que un planeta que giraba alrededor del Sol. Y que las estrellas estaban
muy lejos de nosotros. Esta revolución creó el Cosmos del Caos. Los primitivos
griegos habían creído que el primer ser fue el Caos, que corresponde a la
expresión del Génesis, dentro del mismo contexto: sin forma. Caos creó una
diosa llamada Noche y luego se unió con ella, y su descendencia produjo más
tarde todos los dioses y los hombres. Un universo creado a partir de Caos
concordaba perfectamente con la creencia griega en una naturaleza impredecible
manejada por dioses caprichosos.
Pero en el siglo
sexto antes de Cristo, en Jonia, se desarrolló un nuevo concepto, una de las
grandes ideas de la especie humana. El universo se puede conocer, afirmaban los
antiguos jonios, porque presenta un orden interno: hay regularidades en la
naturaleza que permiten revelar sus secretos. La naturaleza no es totalmente
impredecible; hay reglas a las cuales ha de obedecer necesariamente. Este
carácter ordenado y admirable del universo recibió el nombre de Cosmos.
Pero, ¿por qué todo
esto en Jonia, en estos paisajes sin pretensiones, pastorales, en estas islas y
ensenadas remotas del Mediterráneo oriental? ¿Por qué no en las grandes
ciudades de la India o de Egipto, de Babilonia, de China o de Centroamérica?
China tenía una tradición astronómico vieja de milenios; inventó el papel y la
imprenta, cohetes, relojes, seda, porcelana y flotas oceánicas. Sin embargo,
algunos historiadores atinan que era una sociedad demasiado tradicionalista,
poco dispuesta a adoptar innovaciones. ¿Por qué no la India, una cultura muy
rica y con dotes matemáticas? Debido según dicen algunos historiadores a una
fascinación rígida con la idea de un universo infinitamente viejo condenado a
un ciclo sin fin de muertes y nuevos nacimientos, de almas y de universos, en
el cual no podía suceder nunca nada fundamentalmente nuevo. ¿Por qué no las
sociedades mayas y aztecas, que eran expertas en astronomía y estaban
fascinadas, como los indios, por los números grandes? Porque, declaran algunos
historiadores, les faltaba la aptitud o el impulso para la invención mecánica.
Los mayas y los aztecas no llegaron ni a inventar la rueda, excepto en juguetes
infantiles.
Los jonios tenían
varias ventajas. Jonia es un reino de islas. El aislamiento, aunque sea
incompleto, genera la diversidad. En aquella multitud de islas diferentes había
toda una variedad de sistemas políticos. Faltaba una única concentración de
poder que pudiera imponer una conformidad social e intelectual en todas las
islas. Aquello hizo posible el libre examen. La promoción de la superstición no
se consideraba una necesidad política. Los jonios, al contrario que muchas
otras culturas, estaban en una encrucijada de civilizaciones, y no en uno de
los centros.
Fue en Jonia donde
se adaptó por primera vez el alfabeto fenicio al uso griego y donde fue posible
una amplia alfabetización. La escritura dejó de ser un monopolio de sacerdotes
y escribas. Los pensamientos de muchos quedaron a disposición de ser
considerados y debatidos. El poder político estaba en manos de mercaderes, que
promovían activamente la tecnología sobre la cual descansaba la prosperidad.
Fue en el Mediterráneo oriental donde las civilizaciones africana, asiática y
europea, incluyendo a las grandes culturas de Egipto y de Mesopotamia, se
encontraron y se fertilizaron mutuamente en una confrontación vigorosa y tenaz
de prejuicios, lenguajes, ideas y dioses.
¿Qué hace uno
cuando se ve enfrentado con varios dioses distintos, cada uno de los cuales
reclama el mismo territorio? El Marduk babilonio y el Zeus griego eran
considerados, cada uno por su parte, señores del cielo y reyes de los dioses.
Uno podía llegar a la conclusión de que Marduk y Zeus eran de hecho el mismo
dios. Uno podía llegar también a la conclusión, puesto que ambos tenían
atributos muy distintos, que uno de los dos había sido inventado por los
sacerdotes. Pero si inventaron uno, ¿por qué no los dos? Y así fue como nació
la gran idea, la comprensión de que podía haber una manera de conocer el mundo
sin la hipótesis de un dios; que podía haber principios, fuerzas, leyes de la
naturaleza, que permitieran comprender el mundo sin atribuir la caída de cada
gorrión a la intervención directa de Zeus.
Creo que China, la
India y Centroamérica, de haber dispuesto de algo más de tiempo, habrían
tropezado también con la ciencia. Las culturas no se desarrollan con ritmos idénticos
ni evolucionan marcando el paso. Nacen en tiempos diferentes y progresan a
ritmos distintos. La visión científica del mundo funciona tan bien, explica
tantas cosas y resuena tan armoniosamente con las partes más avanzadas de
nuestro cerebro que a su debido tiempo, según creo, casi todas las culturas de
la Tierra, dejadas con sus propios recursos, habrían descubierto la ciencia.
Alguna cultura tenía que llegar primero.
Resultó que fue
Jonia el lugar donde nació la ciencia. Esta gran revolución en el pensamiento
humano se inició entre los años 600 y 400 a. de C. La clave de esta revolución
fue la mano. Algunos de los brillantes pensadores jonios eran hijos de
marineros, de campesinos y de tejedores. Estaban acostumbrados a hurgar y a
reparar, al contrario de los sacerdotes y de los escribas de otras naciones
que, criados en el lujo, no estaban dispuestos a ensuciarse las manos.
Rechazaron la superstición y elaboraron maravillas. En muchos casos sólo
disponemos de relaciones secundarias o indirectas sobre lo sucedido. Las
metáforas que se utilizaban entonces pueden ser oscuras para nosotros. Es casi
seguro que hubo un esfuerzo consciente unos siglos después para eliminarlas
nuevas concepciones. Las figuras señeras de esta revolución eran hombres de nombre
griego, que en su mayor parte nos suenan extraños, pero que fueron los pioneros
auténticos del desarrollo de nuestra civilización y de nuestra humanidad.
EDUCACIÓN
Y LUCHA DE CLASES
CAPITALISMO
Por: Aníbal Ponce.
Reproducido solamente con fines pedagógicos
Las masas explotadas por la antigüedad
y el feudalismo no habían hecho, en efecto, nada más que pasar a un nuevo amo.
Para que la burguesía realizara su desarrollo prodigioso no bastaba que el comercio
creciera y el mercado se ensanchara hasta abarcar el mundo entero. Era
necesario, además, que ejércitos compactos de obreros libres se presentaran a
ofrecer sus brazos al burgués. A fines del siglo XV y comienzos del XVI ese
“obrero libre” apareció en la historia. La ruina del mundo feudal liberaba sus
siervos, como la ruina del mundo antiguo liberó sus esclavos. De una parte, el
empobrecimiento de los señores feudales les obligó a disolver sus huestes, a
liquidar sus mesnadas; de otra, el enriquecimiento de la burguesía arrojó de
sus propiedades a los pequeños labradores para convertir sus tierras en
praderas de los ganados. En otro tiempo, cierto es, obreros libres habían
ofrecido en el mercado su trabajo; en Grecia, como en Roma, como en la Edad Media.
Pero el campesino libre anterior al siglo XVI que ofrecía su trabajo durante
cierto tiempo, tenía un rincón de tierra que era suyo y del cual podía vivir en
caso extremo. El trabajo asalariado era para él, una ayuda, una ocupación subsidiaria. Desde el siglo XVI, en
cambio el asalariado momentáneo se había convertido en asalariado hasta su
muerte. Nada tenía ya para vivir, fuera de su fuerza de trabajo
Otro fenómeno de una importancia
extrema comenzó a manifestarse al mismo tiempo. Cuando la producción de
mercancías –es decir, la elaboración de productos destinados no al consumo
propio sino al cambio- alcanzó determinado desarrollo, una nueva forma de
apropiación apareció en el mundo. En la forma de apropiación llamada por Marx,
“capitalista”, el obrero ya no se apropia el fruto de su trabajo. En un
principio el obrero cambiaba el objeto que él había producido por otro objeto
producido en igual forma y de valor equivalente. Con la creación del comercio
mundial y la aparición de masas enormes de “obreros libres” que ofrecían en
venta su fuerza de trabajo, los cimientos de un nuevo régimen
aparecieron: un régimen en el cual lo que el capitalista da al obrero en cambio
de lo producido por su fuerza de trabajo es extraordinariamente inferior a lo
que lo producido vale. Es decir, el capitalista se apodera, sin retribuirla, de
una parte considerable del trabajo ajeno, y el salario con el cual dice que
“paga” a sus obreros sólo sirve a éstos para mantener su propia vida, para
reponer su fuerza de trabajo y volvérsela a vender al capitalista en iguales
condiciones. Al pasar pues del feudalismo a la burguesía, las masas se
encontraban todavía peor que antes. Pero su situación no
le importaba a los nuevos amos ni un ardite. Formar individuos aptos para la
competencia del mercado, ése fue el ideal de la burguesía triunfadora. Lógico
ideal de una sociedad en que la sed de la ganancia lanzaba a los hombres unos
contra otros en un tropel de productores independientes. Producir, y producir
cada vez más para conquistar nuevos mercados y aplastar a algún rival, ésa fue
desde entonces la única preocupación de la burguesía triunfadora. Que ninguna traba obstaculice su comercio, que
ningún perjuicio paralice su industria. Si para asegurar un nuevo mercado hay
que arrasar con poblaciones enteras, que así sea; si para no interrumpir el
trabajo de las máquinas es menester que se incorporen como obreros las mujeres y los niños, que
así sea también. (…) Las máquinas complicadas que la industria creaba sin cesar
no podían ser eficazmente dirigidas con el saber miserable de un siervo o de un
esclavo (…) ¡Para manejar el arado se necesita saber leer! Sólo en los Estados Unidos
se han generalizado los arados perfeccionados porque sólo allí el peón que ha
de gobernarlos sabe leer. En Chile es imposible por ahora popularizar las
máquinas de arar, de trillar, de desgranar maíz, porque no hay quien las
maneje, y yo he visto en una hacienda romper la máquina de desgranar en el acto
de ponerla en ejercicio. El
asalariado no hubiera podido satisfacer a su patrón si se hubiera quedado al
margen de una instrucción elemental. Había pues que procurársela como una
condición necesaria de su propia explotación.
En otras épocas en que el trabajo se
confiaba al esclavo o al siervo y en que por lo tanto los aparatos eran
primitivos y las técnicas rudimentarias, el aprendizaje del obrero exigía una atención mínima. Sin embargo, en los
últimos tiempos del imperio romano, cuando el esclavo empezó a escasear, se trató
de suplir esta deficiencia mediante la educación de trabajadores escogidos.En condiciones desiguales, volvía a aparecer ahora esa misma diferencia entre
trabajadores del montón, en decir, no adiestrados, capaces de las tareas más
groseras, y trabajadores adiestrados, capaces de las faenas que requieren un
nivel mediano de cultura. Pero al lado de los obreros con un mínimum de
educación –obreros no adiestrados- y de obreros con una cultura mediana
–calificados-, el capitalismo requería además la presencia de verdaderos
especialistas, de una cultura excepcional. Cada progreso de la química, por
ejemplo, no solamente multiplicaba el número de las materias útiles y las
aplicaciones de las ya conocidas, sino que extendía las esferas de aplicación
del capital. La libre competencia exigía una modificación perpetua de las técnicas,
una necesidad permanente de invenciones. El capitalismo incorporaba a sus planes
el trabajo científico y la libre investigación, como el feudalismo llevaba
adjuntos la religión y el dogmatismo. Favorecer el trabajo científico, mediante
escuelas técnicas y laboratorios de
altos estudios, fue desde entonces, una condición vital para el capitalismo.
Las escuelas tradicionales, ni siquiera las que habían nacido bajo la influencia
directa de la Revolución Francesa, eran capaces de satisfacer esa exigencia. Lejos
de las influencias oficiales, a la sombra misma de las fábricas, como frutos directos
de la iniciativa privada, empezaron a aparecer las escuelas politécnicas. En ellas,
la burguesía del siglo XIX preparaba los cuadros de sus peritos industriales
como en las escuelas de comercio del siglo XVI había preparado los cuadros de
sus peritos mercantiles. Una educación primaria para las masas, una educación
superior para los técnicos: eso era, en lo fundamental,
lo que la burguesía exigía en el terreno de la educación.
Reservaba, en cambio, para sus propios
hijos, otra forma de enseñanza, la enseñanza media, en que las ciencias
ocupaban un lugar discreto, en que el saber seguía siendo libresco, y grande la
distancia que lo separaba de la vida. Mientras en las otras escuelas la
orientación era francamente práctica, e impregnada de una intención utilitaria,
¿por qué en estas escuelas de la enseñanza media se seguía cultivando el “ocio digno”,
es decir, esos estudios de puro adorno que los jesuitas inculcaron en otros tiempos
a los nobles? ¿Cómo se explica que en nuestro propio siglo un hombre como Durkheim
haya podido pronunciar estas palabras: “Con excepción de algunas adiciones que
no modificaban lo esencial, los hombres de mi generación hemos sido educados en los liceos de acuerdo a un ideal que
no difería sensiblemente de aquel que inspiraba a los colegios de jesuitas en
los tiempos del Rey Sol.” El ideal pedagógico que inspiraba a los jesuitas ya
nos es conocido: procurar una cultura de aparato y de brillo, como propia de
hombres que deben dirigir desde muy arriba los negocios de esta tierra, y a los
cuales no corresponden por lo tanto, las minucias y las mezquindades del
trabajo.
viernes, 2 de octubre de 2015
Texto tres: El paso del mito al logos.
FILOSOFÍA 10° (I II)
Lea y analice el siguiente texto y
responda las preguntas que están al final (Más información)
El paso del Mito al Logos es una expresión
con la que se hace referencia al origen de la filosofía como superación de las
formas míticas y religiosas de pensamiento y al advenimiento de un pensamiento
racional que incluye tanto la filosofía como la ciencia. El origen de esta
forma superadora del pensamiento mítico se sitúa en la Grecia del siglo VI antes
de nuestra era, más concretamente en Jonia, y es obra fundamentalmente de los
filósofos de la escuela de Mileto: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Según Guthrie, se podría decir que tal paso «se
produjo cuando empezó a cobrar forma en las mentes de los hombres la convicción
de que el caos aparente de los acontecimientos tiene que ocultar un orden
subyacente, y que este orden es el producto de fuerzas impersonales».
Esta mutación sería
fruto de la admiración. Esto supone un logro extraordinario ya que, en el
contexto de la época en que se produjo, lo normal y más probable eran las
explicaciones de orden sagrado, religioso y mítico que apelaban a seres personales
y sobrenaturales con poderes extraordinarios. Pero si bien la mayoría de los
autores están de acuerdo en señalar en los JONIOS el origen del pensamiento
filosófico y científico-racional, no hay una interpretación única de las causas
que produjeron tal paso del mito al logos. En este sentido fue famosa la
polémica que enfrentó a Burnet con Cornford. Según Burnet los filósofos jonios
habían franqueado «la vía que la ciencia, a partir de este momento, no ha
tenido más que seguir». Esta idea implicaba la suposición de que el pensamiento
racional - la filosofía en su forma originaria - había hecho aparición de un
modo repentino, sin historia previa que investigar, como una «milagro» griego
debido a las supuestas peculiaridades del espíritu griego. Esta tesis del
«milagro griego» no explicaba realmente nada y, además, mostraba un cierto
eurocentrismo al no querer tampoco reconocer las influencias de los saberes
babilonios y egipcios sobre los primeros pensadores griegos. Ante dicha
concepción, Cornford sostuvo la tesis, según la cual la cosmología de los
primeros jonios procedía de una reinterpretación y prolongación de los mitos
cosmogónicos y teogónicos griegos (narrados por Homero y Hesíodo, Hesíodo: cosmogonía)
En la Teogonía de Hesíodo se
pueden distinguir dos narraciones distintas del mito primordial. En una, el
relato habla de dioses; Zeus lucha contra Tifón, el poder de la confusión y el
desorden, para lograr la soberanía del universo. Este tipo de narración, del
tipo de los mitos de renovación y de los llamados mitos de la realeza
(parecidos a los dramas ritualizados que se representaban en Babilonia, con el
principal protagonismo del rey que confirmaba, así, su dominio sobre la
naturaleza y la sociedad), tuvo sentido en el ámbito de la antigua monarquía
micénica. Pero la caída del imperio micénico y la expansión de los dorios por
el Peloponeso, Creta y Rodas, inicia una nueva fase de la civilización griega
(el denominado mundo homérico). Los ritos perdieron su función y su antiguo
sentido. A esta fase corresponde la segunda versión en la Teogonía de los mitos de
los orígenes: la lucha por el orden no es ahora obra de dioses, sino de
principios naturales, aunque todavía con resonancias míticas: Caos, Luz, Día,
Noche, Cielo, Tierra, Eros. Esta segunda versión de los mitos cosmogónicos
actuó como modelo a las primitivas abstracciones de los físicos jonios: aquello
que en el mito son poderes naturales personificados, en los milesios son
cualidades abstractas naturales: lo que son se explica por las cualidades
empíricamente conocidas, aunque pensadas abstractamente y generalizadas. De
esta manera dice Cornford que «en la filosofía, el mito está racionalizado».
Para Cornford la conjunción de los
factores sociales (el fin de la monarquía micénica y los cambios sociales
correspondientes; la ausencia de castas sacerdotales entre los griegos del S.
VI a.C.; el afán sistematizador de Hesíodo y la influencia de los saberes de
otros pueblos, juntamente con la misma situación geográfica de Jonia en un
cruce de civilizaciones) es la que permite entender este «paso del mito al
logos», en el que jugó también un papel importante el desarrollo de una
escritura alfabética.
Como fruto de estos procesos surgió,
según J.P. Vernant, un pensamiento que excluye la presencia de dioses como
explicación de la naturaleza, y la presencia de un pensamiento abstracto que se
constituirá en el fundamento de la inteligibilidad de los procesos naturales
sometidos al cambio: el logos, o razón, o idea, o ley universal. El primer
elemento dependió de su relación con el mito cosmogónico griego racionalizado;
para entender y explicar el segundo, hay que recurrir, según Vernant, al
proceso histórico de la constitución de la polis griega como elemento
determinante de la aparición de la racionalidad: «la razón griega -dice-
aparece como hija de la ciudad». A su vez, en ambos procesos jugaron un papel
destacado la transmisión del saber mediante la palabra escrita y no ya
meramente por tradición oral, y -como lo destaca Popper- la actitud crítica.
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