lunes, 28 de marzo de 2016




"Las cosas que menos tienen sentido suelen suceder a los ojos de todos, bajo el mediodía de la razón"

(Acceder a las preguntas a través del link Más información al final de esta entrada)

Ilustración de John Kenn.



Texto 1.


Entiendo que me imponen silencio, pero la palabra es nueva para mí, y como no conozco su sentido y sus complicaciones, mi inquietud aumenta. La confusión de las lenguas es un componente fundamental del modo de vivir aquí abajo; se está rodeado por una perpetua Babel en la que todos gritan órdenes y amenazas en lenguas que nunca se han oído, y ¡ay de quien no las coge al vuelo! Aquí nadie tiene tiempo, nadie tiene paciencia, nadie te escucha; los que hemos llegado últimos nos reunimos instintivamente en los rincones, contra las paredes, para sentirnos con la espalda materialmente resguardada. Renuncio, pues, a hacer preguntas y en breve me hundo en un sueño amargo y tenso. Pero no es un descanso: me siento amenazado, hostigado, a cada instante estoy a punto de contraerme con un espasmo de defensa. Sueño y me parece que estoy durmiendo en mitad de una calle, de un puente, atravesado en una puerta por la que pasa mucha gente. Y aquí llega, ¡qué rápidamente!, el despertar. El barracón se sacude desde los cimientos, las luces se encienden, todos se agitan a mi alrededor en una actividad frenética repentina: sacuden las mantas levantando nubes de polvo fétido, se visten con prisa febril, corren afuera al hielo del aire exterior a medio vestir, se precipitan a las letrinas y los lavabos; muchos, como animales, orinan mientras corren para ganar tiempo porque dentro de cinco minutos empieza la distribución del pan, del pan–Brot–Broit–chleb–pain– lechem–kenyér, del sagrado pedacito gris que parece gigantesco en manos de tu vecino y pequeño hasta echarse a llorar en las tuyas. Es una alucinación cotidiana a la que uno termina por acostumbrarse: pero en los primeros tiempos es tan irresistible que muchos de nosotros, luego de discutir por parejas sobre la propia evidente y constante mala suerte y la escandalosa buena suerte del otro, acabamos por intercambiar nuestras raciones, con lo que la ilusión se reproduce de manera inversa dejando a todos contentos y frustrados.

Tomado del libro "Si esto es un hombre" de Primo Levi


Texto 2


He leído últimamente una serie de nuevas investigaciones sobre el holocausto y los campos de concentración, entre las que destaca el gran libro de Nikolaus Wachsmann KL, y me he percatado de que, como la mayoría de la gente, era víctima del error de creer que esos campos eran un lugar de exterminio. No lo eran, sino organizaciones industriales gestionadas con criterios económicos peculiares, pero muy racionales para obtener los máximos beneficios. En realidad, todo el sistema de dominación nazi estaba pensado según esos principios. La ocupación de territorios del Este, en Polonia y Rusia, se organizó para lograr la máxima producción de alimentos que proveerían a los ejércitos alemanes. Del mismo modo, los más de siete millones de prisioneros y trabajadores forzados extranjeros que había en el Reich estaban dedicados a producir. Cuando los polacos que trabajaban en los campos alemanes regresaron a su país, al fin de la guerra, no quedaba nadie para cultivar la tierra, de modo que los aliados se vieron forzados también a hacer trabajar a los prisioneros de guerra para paliar el hambre. Todo, hasta la propia aniquilación de los judíos, se pensó con criterios de rentabilidad. El protocolo de la conferencia de Wannsee de 20 de enero de 1942, que planeaba la eliminación final de los judíos de Europa, preveía que once millones de judíos fueran evacuados hacia un destino indefinido, en Rusia o más allá. Conducidos en grandes columnas, separados por sexos, se les haría construir carreteras. “No hay duda -añadía el protocolo- que se perderá una gran proporción de ellos a consecuencia de la selección natural. Los que queden necesitarán un tratamiento adecuado, porque sin duda representan la parte más resistente y se podrían transformar en el germen de una resurrección judía (pruebas de ello hay en la historia)”.

Pero la mejor muestra de racionalidad económica la tenemos en los grandes campos de concentración, donde, según cálculos de Wachsmann, murieron 1.700.000 personas (menos de la tercera parte de los seis millones de víctimas del holocausto). El secreto de su rentabilidad era utilizar hasta el agotamiento unos trabajadores que costaban muy poco de mantener y que eran exterminados cuando dejaban de ser útiles, como lo eran también la mayor parte de los hijos de las trabajadoras en las guarderías de las fábricas. Eliminar los costes improductivos garantizaba una alta competitividad.  Josep Fontana
Texto 3
27 de octubre de 1976. Estambul. Cerca del puente, en la parte europea. En pleno mediodía la densidad humana es casi insoportable. Miles de caras arriba y abajo. ¿Cómo fijarse en una? Pero de pronto me quedo paralizado observando una de ellas. Es un viejo delgado, tanto que casi se confunde con el zócalo en el que se apoya. Es un vendedor de agua. A sus pies, a la sombra de un tenderete, tiene su mercancía. Casi nadie lo mira. Los que lo miran creo que siquiera lo ven. No tiene importancia alguna. Es un rostro del pasado. A mí, no sé por qué razón, me parece que en esto estriba su poder, su enorme poder, circunstancia que ya he apreciado en otras ciudades ante otros vendedores de agua. El vendedor de agua no vende solamente agua, sino que ofrece un hilo invisible que mantiene unido los milenios.

Tomado de Rafael Argullol, “la crisálida, en Visión desde el fondo del mar”, Barcelona, Acantilado, 2010, p. 39.

jueves, 17 de marzo de 2016



*** "Mephisto", del director húngaro István Szabó es la primera de una lista importante de películas, que pretenden ser consideradas y analizadas bajo la opinión neófita, pero en lo posible franca y abierta, de algunos admiradores del cine. De no conseguirlo, que sirvan esas películas de pretexto para hablar de la realidad propia y de la de otros.




Mefistófeles

“Ellos vinieron”

Por: Iván Giraldo Giraldo

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada"
.
                                 Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984)

Habría que empezar por manifestar la forma como se refleja el poema en la película, pues el protagonista piensa que nunca va a ser tocado por el nacionalsocialismo que se tomó el poder en Alemania en el momento en que el desarrollaba su labor como actor reconocido profesional y socialmente por sus representaciones artísticas.

En un principio llegó incluso a pensar que el teatro tenía que cambiar en su forma ya que no llegaba al pueblo, llegó a pensar en el teatro verdaderamente revolucionario, que vinculara al pueblo y al público y contribuyera al cambio social que se requería; sin embargo, las condiciones sociales, políticas y laborales le hicieron renunciar al propósito que se había fijado.

Además la actitud egoísta, propia del artista enajenado  de la realidad, lo llevaron a doblegarse ante el poder estatal, y es así como renunció a sus propios ideales, para complacer los intereses y propósitos del régimen; este egoísmo también se ve reflejado en los celos que siente cuando una de sus colegas actrices es aplaudida y venerada al terminar una de sus presentaciones teatrales. Federico Nietzsche decía que “los hombres del mismo oficio se odiaban . . . “

Un hecho que llama la atención de la película es el hecho que Mefistófeles ha simbolizado la representación del mal, con una mente maquiavélica y calculadora que el protagonista representa teatralmente tanto en la prevalencia de un poder democrático, así  como, en la prevalencia de un poder autocrático y fascista como el nacionalsocialista.



La obra teatral como tal, reafirmaba soslayadamente el poder que regía en Alemania. Era una forma sutil y soterrada de manifestar las  intenciones de aquellos que en su momento ostentaban el poder. 


¿De qué color es un camaleón cuando se mira al espejo?        


por: Ricardo Pardo

El actor Klaus Maria Brandauer 
Los puntos más altos de la película Mephisto son siempre a costa del  personaje central. Gran parte de los aciertos del protagonista la representa la solidez del personaje, cuya construcción no se basó en una simple ambivalencia entre la vida del artista y la vida personal, o en un juego de contrastes entre lo íntimo y lo público, o entre el bien moral y el deber. .

Nuestro personaje, el reputado Hendrik Hoefgen,  que empezó su carrera como actor en la porteña ciudad de Hamburgo, nos muestra en cambio un espectro amplio de formas de ser, de pensar, de posicionarse, de convencer, sin que por ello se conduzca a inconsecuencias, o se atribuya  su actuar a desvaríos. 

Lo que piensa, reza y decide, aun cuando pueda parecer el producto más depurado de su reflexión o atado a ideales que le sobrepasan no es más que el reflejo de las condiciones vertiginosamente cambiantes de existir que impuso la hegemonía nazi en Europa. Así se nos muestra Mephisto, equívoco, inestable, dúctil, pero siempre verdadero.  Su carácter recuerda a aquellas cosas que de tanto cambiar ya no pueden volver a ser lo que eran. Todos los ángulos de su vida, sostenidos con habilidad  por su demagogia no parecen tener un verdadero centro. Pasa de ser un hombre ambicioso y ufano a ser pusilánime, de rigidez hombruna a íncubo clandestino, de contradictor a partidario, de camarada a burócrata. El personaje no tiene un centro de gravedad, excepto su capacidad de adaptarse. La mirada del personaje  dice mucho acerca de ésto. Hoefgen posee la capacidad, que ya muchos han puesto de moda, de no conectar su mirada con la de otros. Los oficiales nazis lo tenían como estrategia ante sus víctimas, era una forma más de desconocerlas, de anularlas, de negarles su humanidad. A nuestro personaje, al fín de cuentas, no parece importarle. Tal vez lo medita cuando se le ve frente al espejo,tal vez sea ese el momento en el que por fín Fausto mira a Mefisto.
  

martes, 15 de marzo de 2016





El Vértigo,el embrutecimiento, el miedo y  la soledad

Ernesto Sábato 

                                                                                                                            Texto recuperación 11
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"En el vértigo no se dan frutos ni se florece. Lo propio del vértigo es el miedo, el hombre adquiere un comportamiento de autómata, ya no es responsable, ya no es libre, ni reconoce a los demás.
Se me encoge el alma al ver a la humanidad en este vertiginoso tren en que nos desplazamos, ignorantes atemorizados sin conocer la bandera de esta lucha, sin haberla elegido.
El clima de Buenos Aires ha cambiado. En las calles, hombres y mujeres apresurados avanzan sin mirarse pendientes de cumplir con horarios que hacen peligrar su humanidad. Ya sin lugar para aquellas charlas de café que fueron un rasgo distintivo de esta ciudad, cuando la ferocidad y la violencia no la habían convertido en una megalópolis enloquecida. Cuando todavía las madres podían llevar a sus hijos a las plazas, o visitar a sus mayores. ¿Se puede florecer a esta velocidad? Una de las metas de esta carrera parece ser la productividad, pero ¿acaso son estos productos verdaderos frutos? En el vértigo todo es temible y desaparece el diálogo entre las personas. Lo que nos decimos son más cifras que palabras, contiene más información que novedad. El hombre no puede mantenerse humano a esta velocidad, la lentitud, la calma es tan necesaria en la vida del hombre como el suceder de las estaciones lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños"  

Leer texto completo.

miércoles, 24 de febrero de 2016


ALGUIEN NOS DICE QUE ES HORA DE CAMBIAR





Está cansado de su teléfono móvil? El que alguna vez dijo que era inteligente, ahora parece un trasto lento y pesado. ¿Cierto? No es que usted sea más sofisticado ahora, ni que tenga un gusto más refinado, es que alguien ha planeado este momento de insatisfacción. Si en Colombia ya existen más de cuarenta millones de celulares activos, a quién podrían venderle más teléfonos para que el negocio sigue su marcha? La respuesta es fácil. Van a vender otros cuarenta millones de teléfonos a los mismos clientes, quienes tienen el mismo sentimiento de estar quedando rezagados con la tecnología a pesar de que pueden hacer casi las mismas cosas que hacían con sus aparatos anteriores. A casi todas mercancías las preparan para que parezcan inútiles después de un tiempo prudencial, a eso se llama obsolescencia planificada. No es de extrañar que un teléfono celular en el mercado solo tenga una vida útil de un año y medio, en Japón llega a reducirse a nueve meses, entonces 1200 millones de teléfonos que se producen anualmente en el mundo, con sus baterías de cadmio y níquel, con el coltán que tantas heridas sociales produce y todo el plástico, terminan siendo basura tóxica en pocos meses.




En la India se lanzó el smartphone más barato del mercado, se llama el Freedom 251, con un precio de solamente 3,7 dólares. La palabra no es "barato", ese precio es absurdo, menos de 12000 pesos! La producción, distribución y promoción de este aparato implicaría un precio de mínimo 60 dólares, e incluso con subsidios y vendiéndolo sólo por internet "su costo no podría ser inferior a 52 o 55 dólares" dijo el experto Bijesh Kumar. Qué explicación queda! Es posible que no sean los consumidores los que pagan el costo total del producto, lo que hacen las empresas es externalizar los costos, o mejor, lo que hacen es "exportar la pobreza".






TEXTOS DE PENSADORES VIVOS PARA LECTORES DESPIERTOS

Lecturas y preguntas.

1. En la época actual, la de los grandes descubrimientos técnicos, en el mundo del microchip y del acelerador de partículas, en el reino de Internet y la televisión digital... ¿qué información podemos recibir de la filosofía?  La única respuesta que nos resignaremos a dar es la que hubiera probablemente ofrecido el propio Sócrates: ninguna.  Seguir leyendo en más información

martes, 23 de febrero de 2016



MANIFIESTO CONTRA LA JUVENTUD


A propósito de la visita del filósofo francés Gilles Lipovetsky por estas fechas a Bogotá, quien participó en el foro "La estupidez: una reflexión urgente", reproducimos este escrito titulado "Manifiesto contra la juventud", que nos muestra el tono de la crítica que este autor quiere desarrollar en su obra frente al consumismo y los valores decadentes del capitalismo actual.


Campaña diseñada por la agencia Anomaly london para Diesel


1. Contra el síndrome juvenalista que infecta a la sociedad occidental y prestigia el sector más inútil, ignorante, vacío y conservador de la misma.

2. Contra los jóvenes en general de nuestro tiempo, por su actitud llorona y cobarde. Su falta de imaginación y de generosidad. Su pasividad en las propuestas de futuro. Su ovejuna conversión en masas consumistas disciplinadas y acríticas.

3. Contra los estudiantes. Ceporros hibernados en las cárceles del aula, que aceptan todas las vejaciones del sistema con el único motivo de ganar algún dinero el día de mañana.

4. Contra los dóciles lameculos que creen que su juventud es un grado de gracia que les concede el privilegio de la impunidad.

5. Contra los artistas jóvenes. Metástasis funesta, copiones, descerebrados. Satisfechos en sus ridículas aportaciones. Que todavía confían en que el arte sea un mercado.

6. Contra la música juvenil. Contra la industria, los músicos, los grupos tarados. Se os acaba el chollo: hasta los niños se están aburriendo con vosotros.

7. Contra las discotecas. Catedrales histéricas donde el alma juvenil se disuelve en blando infierno. Bebedores de refrescos, zampabollos impotentes...

8. Contra la moda juvenil y su obsesión por las marcas. Jerarquía espúrea, clasismo de calcetín, que es escuela de racismo, ligereza de opiniones y desprecio por el otro.

9. Contra los jóvenes parados. Auténticas marmotas en posición sodomizable. Sacos repletos de autoestima, que no inventan nada, ni se van de casa, ni emigran, ni siquiera se disuelven en el aire. Sólo dejan de llorar mientras están bebiendo.

10. Contra la industria completa del juvenalismo, con sus potingues falsarios, sus modelos desfasados, su mensaje enfermo y mentiroso.

11. Contra los que se obsesionan con el cuidado del cuerpo. Los que pedaleando al infinito en un palmo de terreno disminuyen su grasa y su cerebro. Condenados al fin, acomplejadas bestias, a trotar y a trotar hacia la muerte.

12. Contra los que se cambian de cara, los rejuvenecidos. No nos engañáis, sabemos que sois realmente viejos, a pesar de la máscara.

13. Contra la estupidez general que emerge, fluye, vuela y amenaza con ahogar lo que de humano queda en nuestra arquitectura de la nada

lunes, 22 de febrero de 2016


TEXTOS BREVES PARA REFLEXIONAR EXTENSAMENTE
Filósofos vivos

Fotografía: Andreas Gursky

El capitalismo: la fábrica de la fragmentación. David Harvey

El impulso de acumulación de capital es el motivo central  de la narrativa de la transformación de Occidente en los últimos tiempos y parece dispuesto a tragarse a todo el mundo en el siglo XXI. Durante los últimos trescientos años ha sido la fuerza fundamental que opera para moldear de nuevo la política, la economía y el ambiente del mundo. Este proceso de usar el dinero para hacer más dinero no es el único que se lleva al cabo, por supuesto, pero es difícil explicar los cambios sociales de estos últimos trescientos años si no lo observamos con cuidado. 
El impulso de acumulación de capital ha guiado la insaciable búsqueda de nuevas líneas de productos, nuevas tecnologías, nuevos modelos de vida, nuevas formas de desplazamiento, nuevos lugares para la colonización: una variedad infinita de estratagemas que reflejan el ilimitado ingenio humano para crear nuevas formas de obtener utilidades. En suma, el capitalismo siempre ha medrado en la producción de la diferencia.

La estetización del mundo. Guilles Lipovetsky

La economía liberal destruye los elementos poéticos de la vida social; produce en todo el planeta los mismos paisajes urbanos fríos, monótonos y sin alma, impone en todas partes las mismas libertades de comercio, homogeneizando los modelos de los centros comerciales, urbanizaciones, cadenas hoteleras, redes viarias, barrios residenciales, balnearios, aeropuertos: de este a oeste, de norte a sur, se tiene la sensación de que estar aquí es como estar en cualquier otra parte. La industria crea baratijas kitsch y no cesa de lanzar productos desechables, intercambiables, insignificantes; la publicidad «contamina visualmente» los espacios públicos; los medios venden programas dominados por la idiotez, la vulgaridad, el sexo, la violencia o, por decirlo de otro modo, «tiempo de cerebro humano disponible». Por construir megalópolis caóticas y asfixiantes, por poner en peligro el ecosistema, por descafeinar las sensaciones, por condenar a las personas a vivir como rebaños estandarizados en un mundo insípido, el modo de producción capitalista se estigmatiza como barbarie moderna que empobrece la sensibilidad, como orden económico responsable de la devastación del mundo: «afea la tierra entera», volviéndola inhabitable desde todos los puntos de vista. Este juicio es ampliamente compartido: la dimensión de la belleza se reduce, la de la fealdad se extiende. El proceso desencadenado por la Revolución Industrial prosigue inexorablemente: lo que se perfila, día tras día, es un mundo más desagradable.