jueves, 28 de abril de 2016



DOS MODOS y un modo DE ENTENDER LA FILOSOFÍA 10°

Por: Julián Marías. Introducción a la "Historia de la Filosofía".
Reproducido con fines exclusivamente pedagógicos





Por filosofía se han entendido principalmente dos cosas: una ciencia y un modo de vida. La palabra filósofo ha envuelto en sí las dos significaciones distintas del hombre que posee un cierto saber y del hombre que vive y se comporta de un modo peculiar. Filosofía como ciencia y filosofía como modo de vida, son dos maneras de entenderla que han alternado y a veces hasta convivido. Ya desde los comienzos, en la filosofía griega, se ha hablado siempre de una cierta vida teórica, y al mismo tiempo todo ha sido un saber, una especulación. Es menester comprender la filosofía de modo que en la idea que de ella tengamos quepan, a la vez, las dos cosas. Ambas son, en definitiva, verdaderas, puesto que han constituido la realidad filosófica misma. Y solo podrá encontrarse la plenitud de su sentido y la razón de esa dualidad en la visión total de esa realidad filosófica; es decir, en la historia de la filosofía. Hay una indudable implicación entre los dos modos de entender la filosofía. El problema de su articulación es, en buena parte, el problema filosófico mismo. Pero podemos comprender que ambas dimensiones son inseparables, y de hecho nunca se han dado totalmente desligadas. La filosofía es un modo de vida, un modo esencial que, justamente, consiste en vivir en una cierta ciencia y, por tanto, la postula y exige. Es, por tanto, una ciencia la que determina el sentido de la vida filosófica. Ahora bien: ¿qué tipo de ciencia? ¿Cuál es la índole del saber filosófico? Las ciencias particulares —la matemática, la física, la historia— nos proporcionan una certidumbre respecto a algunas cosas; una certidumbre parcial, que no excluye la duda fuera de sus propios objetos; y, por otra parte, las diversas certezas de esos saberes particulares entran en colisión y reclaman una instancia superior que decida entre ellas. El hombre necesita, para saber en rigor a qué atenerse, una certeza radical y universal, desde la cual pueda vivir y ordenar en una perspectiva jerárquica las otras certidumbres parciales. La religión, el arte y la filosofía dan al hombre una convicción total acerca del sentido de la realidad entera; pero no sin esenciales diferencias. La religión es una certeza recibida por el hombre, dada por Dios gratuitamente: revelada; el hombre no alcanza por sí mismo esa certidumbre, no la conquista ni es obra suya, sino al contrario. El arte significa también una cierta convicción en que el hombre se encuentra y desde la cual interpreta la totalidad de su vida; pero esta creencia, de origen ciertamente humano, no se justifica a sí misma, no puede dar razón de sí; no tiene evidencia propia, y es, en suma, irresponsable. La filosofía, por el contrario, es una certidumbre radical universal que además es autónoma; es decir, la filosofía se justifica a sí misma, muestra y prueba constantemente su verdad; se nutre exclusivamente de evidencia; el filósofo está siempre renovando las razones de su certeza (Ortega).

Complete las siguientes oraciones según el texto

El autor nos invita a ... 

El autor se pregunta "¿qué tipo de ciencia?" para...

El concepto de Filosofía, a diferencia de los demás tipos de concepción...


jueves, 21 de abril de 2016


QUÉ ES LA FILOSOFÍA ANTIGUA?  

Reproducido y adaptado con fines exclusivamente pedagógicos.

Por: Pierre Hadot. 

"Vano es el discurso del filósofo que no cura las enfermedades del alma" Filosofía epicúrea



Si hoy hablamos de "filosofía", es porque los griegos inventaron la palabra philosophia, que quiere decir "amor a la sabiduría", y porque la tradición de la philosophia griega se transmitió a la Edad Media, luego a los Tiempos Modernos. Se trata, pues, de recobrar el fenómeno en su origen tomando conciencia del hecho de que la filosofía es un fenómeno histórico que se inició en el tiempo y evolucionó hasta nuestros días.

La idea común que se tiene ahora de la Filosofía antigua es  que los pensadores empezaron por turnos a inventar, cada uno de una manera original, una nueva construcción sistemática y abstracta, destinada a explicar, de una u otra manera, el universo o, por lo menos, si se trata de filósofos contemporáneos, que pretendieron elaborar un nuevo discurso acerca del lenguaje. Considero que una representación así es errónea si se aplica a la filosofía de la Antigüedad.

Por supuesto que se dedicaban a pensar, mas esta actividad teórica debe ser situada en una perspectiva diferente. Ante todo, por lo menos desde Sócrates, la opción por un modo de vida no se localiza al final del proceso de la actividad filosófica, como una especie de apéndice accesorio, sino por el contrario, en su origen, en una compleja interacción entre la reacción crítica a otras actitudes existenciales, la visión global de cierta manera de vivir y de ver el mundo, y la decisión voluntaria misma; y esta opción determina, pues, hasta cierto punto la doctrina misma y el modo de enseñanza de esta doctrina.

El discurso filosófico se origina por tanto en una elección de vida y en una opción existencial, y no a la inversa. En segundo lugar, esta decisión y esta elección jamás se hacen en la soledad: nunca hay ni filosofía ni filósofos fuera de un grupo, de una comunidad, en una palabra, de una "escuela" filosófica y, precisamente, esta última corresponde entonces ante todo a la elección de cierta manera de vivir, a cierta elección de vida, a cierta opción existencial, que exige del individuo un cambio total de vida, una conversión de todo el ser y, por último, cierto deseo de ser y de vivir de cierto modo.

Esta opción existencial implica a su vez una visión del mundo, y la tarea del discurso filosófico será revelar y justificar racionalmente tanto esta opción existencial como esta representación del mundo. Quiero decir, pues, que el discurso filosófico debe ser comprendido en la perspectiva del modo de vida de quien lo enuncia. No puede estar separado uno del otro.

La Filosofía es en efecto y ante todo, una manera de vivir, pero que se vincula estrechamente con el discurso filosófico. Por su fuerza persuasiva y lógica, el discurso logra incitar a los maestros y discípulos a vivir realmente con cierto ideal de vida. La Filosofía era una actividad dirigida a vivir la lógica, la física y la ética.  No se trataba de teorizar sobre la lógica, es decir, sobre hablar y pensar correctamente, sino que el filósofo pensaba y hablaba bien; no se teorizaba sobre el mundo físico sino que se contemplaba el cosmos.



No se trata de poner y separar por una parte la Filosofía como modo de vida y por la otra un discurso filosófico que sería en cierto modo exterior a la Filosofía, muy por el contrario, se trata de demostrar que el discurso filosófico forma parte del modo de vida. Pero en cambio hay que reconocer que la elección de vida del filósofo determina el discurso. Esto equivale a decir que no se puede considerar los discursos filosóficos como independientemente del filósofo que los desarrolló. ¿Podemos separar el discurso de Sócrates de la vida y de la muerte de Sócrates?



Gilles Deleuze y Félix Guattari
¿Qué es la filosofía?

Traducción de Thomas Kauf

¿Qué es la filosofía?

Se trata de una pregunta que nos planteamos con moderada inquietud, a medianoche, cuando ya no queda nada por preguntar. Antes la planteábamos, no dejábamos de plantearla, pero de un modo demasiado indirecto u oblicuo, demasiado artificial, demasiado abstracto, y, más que absorbidos por ella, la exponíamos, la dominábamos sobrevolándola.

Sencillamente, nos ha llegado la hora de plantearnos qué es la filosofía, cosa que jamás habíamos dejado de hacer anteriormente, y cuya respuesta, que no ha variado, ya teníamos: la filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos.

Se ha dicho que la Filosofía es cercanía, amistad a la sabiduría. Muy pocas veces nos preguntamos el verdadero sentido de esta definición.

Son los griegos, al parecer, quienes ratificaron la muerte del Sabio y lo sustituyeron por los filósofos, los amigos de la Sabiduría, los que buscan la sabiduría, pero no la poseen formalmente. Pero no se trataría sencillamente de una diferencia de nivel, como en una gradación, entre el filósofo y el sabio: el antiguo sabio procedente de Oriente piensa su trascendencia, mientras que el filósofo inventa y piensa el Concepto. El filósofo es un especialista en conceptos, y, a falta de conceptos, sabe cuáles son inviables, arbitrarios o inconsistentes, cuáles no resisten ni un momento, y cuáles por el contrario están bien concebidos y ponen de manifiesto una creación incluso perturbadora o peligrosa.

¿Amigo de la sabiduría? ¿Qué quiere decir amigo, cuando no se  está hablando de alguien como tal, sino de una disposición frente a ese saber?¿O bien amante, no será acaso más bien amante?¿O no se trata acaso, también, de alguien diferente del amigo o del amante? ¿Pues si el filósofo es el amigo o el amante de la sabiduría, no es acaso porque la pretende, empeñándose potencialmente en ello más que poseyéndola de hecho? La amistad traerá tanta desconfianza hacia el rival como tensión amorosa hacia el objeto del deseo. Cuando la amistad se vuelva hacia la esencia, ambos amigos serán como el pretendiente y el rival (apero quién los diferenciará?).

El filósofo es el amigo del concepto, está en poder del concepto. Lo que equivale a decir que la filosofía no es un mero arte de formar, inventar o fabricar conceptos, pues los conceptos no son necesariamente formas, inventos o productos. La filosofía, con mayor rigor, es la disciplina que consiste en crear conceptos. ¿Acaso será el amigo, amigo de sus propias creaciones? Crear conceptos siempre nuevos, tal es el objeto de la filosofía. El concepto remite al filósofo como aquel que lo tiene en potencia, o que tiene su poder o su competencia, porque tiene que ser creado. A decir verdad, las ciencias, las artes, las filosofías son igualmente creadoras, aunque corresponda únicamente a la filosofía la creación de conceptos en sentido estricto. Los conceptos no nos están esperando hechos y acabados, como cuerpos celestes. No hay firmamento para los conceptos. Hay que inventarlos, fabricarlos o más bien crearlos, y nada serían sin la firma de quienes los crean. Nietzsche determinó la tarea de la filosofía cuando escribió: «Los filósofos ya no deben darse por satisfechos con aceptar los conceptos que se les dan para limitarse a limpiarlos y a darles lustre, sino que tienen que empezar por fabricarlos, crearlos, plantearlos y convencer a los hombres de que recurran a ellos. Hasta ahora, en resumidas cuentas, cada cual confiaba en sus conceptos como en una dote milagrosa procedente de algún mundo igual de milagroso», pero hay que sustituir la confianza por la desconfianza, y de lo que más tiene que desconfiar el filósofo es de los conceptos mientras no los haya creado él mismo (Platón lo sabía perfectamente, aunque enseñara lo contrario...).1 Platón decía que había que contemplar las Ideas, pero tuvo antes que crear el concepto de Idea. ¿Qué valor tendría un filósofo del que se pudiera decir: no ha creado conceptos, no ha creado sus conceptos?

Vemos por lo menos lo que la filosofía no es: no es contemplación, ni reflexión, ni comunicación, incluso a pesar de que haya podido creer tanto una cosa como otra, en razón de la capacidad que tiene cualquier disciplina de engendrar sus propias ilusiones y de ocultarse detrás de una bruma que desprende con este fin. No es contemplación, pues las contemplaciones son las propias cosas en tanto que consideradas en la creación de sus propios conceptos. No es reflexión porque nadie necesita filosofía alguna para reflexionar sobre cualquier cosa: generalmente se cree que se hace un gran regalo a la filosofía considerándola el arte de la reflexión, pero se la despoja de todo, pues los matemáticos como tales nunca han esperado a los filósofos para reflexionar sobre las matemáticas, ni los artistas sobre la pintura o la música; decir que se vuelven entonces filósofos constituye una broma de mal gusto, debido a lo mucho que su reflexión pertenece al ámbito de su creación respectiva. Y la filosofía no encuentra amparo último de ningún tipo en la comunicación, que en potencia sólo versa sobre opiniones, para crear «consenso» y no concepto. La idea de una conversación democrática occidental entre amigos jamás ha producido concepto alguno; tal vez proceda de los griegos, pero éstos desconfiaban tanto de ella, y la sometían a un trato tan duro y severo.  Toda creación es singular, y el concepto como creación propiamente filosófica siempre constituye una singularidad. El primer principio de la filosofía consiste en que los Universales no explican nada, tienen que ser explicados a su vez.

sábado, 16 de abril de 2016






FÁBULAS PARA (pruebas) SABER EN FAMILIA
Las preguntas se encuentran en <<más información>>



1. EL GRILLO MAESTRO


Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.
Augusto Monterroso 
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2. EL CONEJO  Y EL LEÓN

Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.
Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no solo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.
Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.
En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.
El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.
De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.
Augusto Monterroso

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3. EL BÚHO QUE QUERÍA SALVAR LA HUMANIDAD


   En lo más intrincado de la Selva existió en tiempos lejanos un Búho que empezó a preocuparse por los demás.


  En consecuencia se dio a meditar sobre las evidentes maldades que hacía el León con su poder; sobre la debilidad de la Hormiga, que era aplastada todos los días, tal vez cuanto más ocupada se hallaba; sobre la risa de la Hiena, que nunca venía al caso; sobre la Paloma, que se queja del aire que la sostiene en su vuelo; sobre la Araña, que atrapa a la Mosca y sobre la Mosca que con toda su inteligencia se deja atrapar por la Araña, y en fin, sobre todos los defectos que hacían desgraciada a la Humanidad, y se puso a pensar en la manera de remediarlos.



  Pronto adquirió la costumbre de desvelarse y de salir a la calle a observar cómo se conducía la gente, y se fue llenando de conocimientos científicos y psicológicos que poco a poco iba ordenando en su pensamiento y en una pequeña libreta.



  De modo que algunos años después se le desarrolló una gran facilidad para clasificar, y sabía a ciencia cierta cuándo el León iba a rugir y cuándo la Hiena se iba a reír, y lo que iba a hacer el Ratón del campo cuando visitara al de la ciudad, y lo que haría el Perro que traía una torta en la boca cuando viera reflejado en el agua el rostro de un Perro que traía una torta en la boca, y el Cuervo cuando le decían qué bonito cantaba.


   Y así, concluía: “Si el León no hiciera lo que hace sino lo que hace el Caballo, y el Caballo no hiciera lo que hace sino lo que hace el León; y si la Boa no hiciera lo que hace sino lo que hace el Ternero y el Ternero no hiciera lo que hace sino lo que hace la Boa, y así hasta el infinito, la Humanidad se salvaría, dado que todos vivirían en paz y la guerra volvería a ser como en los tiempos en que no había guerra.”


  Pero los otros animales no apreciaban los esfuerzos del Búho, por sabio que éste supusiera que lo suponían; antes bien pensaban que era tonto, no se daban cuenta de la profundidad de su pensamiento y seguían comiéndose unos a otros, menos el Búho, que no era comido por nadie ni se comía nunca a nadie.



Augusto Monterroso

viernes, 15 de abril de 2016




RODEO AL CONCEPTO DE FILOSOFÍA. 

GRADO 10. Responda las preguntas (Más información)

"Nadie dijo que el amor a la Filosofía nacía a primera vista"



1. Ningún niño traspasa el umbral de una escuela sin exponerse al riesgo de perderse; quiero decir, de perder esa vida exuberante, ávida de conocimientos y maravillas, que sería tan gozoso potenciar en lugar de esterilizarla y desesperarla bajo el aburrido trabajo del saber abstracto. ¡Qué terrible notar esas brillantes miradas a menudo empañadas! Cuatro paredes. El asentimiento general conviene en que allí uno será, con consideraciones hipócritas, aprisionado, obligado, culpabilizado, juzgado, respetado, castigado, humillado, etiquetado, manipulado, mimado, violado, consolado, tratado como un feto que mendiga ayuda y asistencia. ¿De qué os quejáis?, objetarán los promotores de leyes y de decretos. ¿No es la mejor manera de iniciar a los pipiólos en las reglas inmutables que rigen el mundo y la existencia? Sin duda. Pero ¿por qué los jóvenes aceptarían durante más tiempo una sociedad sin alegría ni porvenir, que los adultos ya solo se resignan a soportar con una acritud y un malestar crecientes? 

Raoul Vaneigem. Aviso a escolares y estudiantes, traducción de Juan Pedro García del Campo, Debate, Barcelona, 2001.


2.  No imaginéis, porque se os presenten prioritariamente pensadores poco excitantes -o porque el profesor que os los transmita tampoco parezca excitante-, que toda la filosofía se reduce a siniestros personajes o tristes individuos tanto más dotados para pensar como para ser torpes en la vida y desfasados en la existencia. La filosofía es un continente lleno de gente, de personas, de ideas, de pensamientos contradictorios, diversos, útiles para el éxito de vuestra existencia, a fin de que podáis regocijaros continuamente en vuestra vida y construirla día tras día. A vuestro profesor le corresponde proporcionaros el mapa y la brújula, a vosotros trazar vuestro camino en esta geografía farragosa, pero apasionante. Buen viaje...  Michel Onfray. Antimanual de Filosofía.


3. “El que busca la sabiduría sabe que, cuando la filosofía se hizo cargo de su alma, ésta se hallaba verdaderamente encadenada y apresada en el cuerpo, obligada a examinar la realidad a través de éste como a través de una prisión, y no ella por sí misma, sino dando vueltas en total ignorancia. Y la filosofía observa que la fuerza de este encarcelamiento radica en el propio deseo: quién más contribuye al encadenamiento es el propio encadenado. El que busca la sabiduría reconoce, pues, que cuando la filosofía se hace cargo de su alma en este estado, la exhorta suavemente a intentar liberarse, mostrándole que la observación por medio de los ojos, de los oídos y de todos los sentidos está llena de engaños; persuadiéndola para que se separe de éstos cuando no los necesite, instándola a recogerse y concentrarse en sí misma, y a no confiar en ninguna otra cosa sino en sí misma, cuando en sí misma y por sí misma contempla la realidad en sí misma. A no considerar, en cambio, como verdadero nada de lo que observe por otros medios en las otras cosas sujetas al cambio. Porque éstas son sensibles y visibles, mientras que lo que contempla por sí misma es inteligible e invisible.” Fedón. Diálogo platónico


 4. Alguien seguramente podrá advertir que la filosofía es tan inútil como el ajedrez, tan oscura como la ignorancia y tan anquilosada como una lista de capitulo, “no hay nada tan absurdo – afirmó Cicerón – que no pueda encontrarse en los libros de los filósofos”. Es indudable que muchos filósofos han tenido toda clase de sabiduría por caminos enrarecidos. Tomemos la determinación, en este viaje nuestro, de arribar exclusivamente a puertos de luz, de mantenernos alejados de las cenagosas corrientes de la metafísica y de los procelosos mares, y de la disputa teológica, ahora bien ¿Está la filosofía realmente anquilosada? La ciencia parece avanzar, mientras que la filosofía siempre parece perder terreno, sin embargo, esto se debe solo a que la filosofía acepta la ardua y azarosa tarea de habérselas con problemas que todavía no están abiertos a los métodos de la ciencia: problemas como el bien y el mal, la belleza y la fealdad, el orden y la libertad, la vida y la muerte. Tan pronto como un campo de investigación vuelve al conocimiento susceptible de formulación exacta recibe el nombre de ciencia.  Will Durant. Historia de la Filosofía.

jueves, 7 de abril de 2016




                                 PREGUNTAS LECTURA CRÍTICA - PRUEBA SABER


Ilustración hecha por Ángel Boligán: dibujante y caricaturista cubano.

Texto 1.


La semana pasada tuvo lugar la inauguración de la nueva marca de una tienda de ropa cuya posición estratégica y su constante propaganda propició extensas colas y el posterior hacinamiento de la multitud contra las puertas del establecimiento pocos minutos antes de su apertura.

En el mundo occidental resulta una trivialidad relatar lo que ocurrió aquella mañana de jueves, pero en el contexto histórico de la población española se debe tener en cuenta que hasta hace relativamente poco nuestros abuelos llevaban el mismo abrigo durante décadas. Sin embargo, actualmente nos encontramos ante situaciones en las que nos dejamos llevar por el marketing y su arte de hacer de la población "individuos mecanizados" persuadiéndonos en este caso a "renovar" nuestro armario con cierta frecuencia. ¿De verdad necesitamos de toda la ropa de la que disponemos? ¿Era realmente necesario agolparse ante la inauguración de la nueva tienda?

 -Isabela Romero Sánchez - Opinión publicada en un diario español. 



La autora intenta con el texto
A. explicar las formas en que las personas son dominadas por los medios de comunicación
B. hacer notar lo innecesarios que pueden ser ciertos actos de consumo.
C. crear conciencia sobre la pérdida de valores en la sociedad actual de España
D. denunciar los peligros de las aglomeraciones que son producidas por la manipulación de los medios

La expresión “individuos mecanizados” significa dentro del texto
A. personas que compran a una velocidad muy alta
B.  una sociedad que se deja llevar por los mensajes publicitarios
C.  seres humanos incapaces de actuar por su propia cuenta
D. jóvenes dispuestos a vestirse con la última moda
.
Un título adecuado para encabezar este escrito al interior de un periódico es
A. La moda no incomoda
B. Apertura de una gran tienda ocasiona agitación en la ciudad
C. La frivolidad de la sociedad española
D. ¿Necesitamos todas las cosas que compramos?


Ilustración: Ángel Boligán



Texto 2. 
  No es el homo ludens el que me interesa, sino el homo videns. Si el niño crece junto al televisor, su concepción del mundo se vuelve una caricatura; conoce la realidad por medio de sus imágenes y la reduce a éstas. Su capacidad de administrar los acontecimientos que lo rodean está condicionada a lo visible: su capacidad de abstracción (de trascender, por decirlo de algún modo, lo que le dicta el ojo) es sumamente pobre, "no sólo en cuanto a palabras, sino sobre todo en cuanto a la riqueza de significado". La imagen no tiene contenido cognoscitivo, es prácticamente ininteligible. El acto de ver anula, en este caso, el de pensar. El concepto queda sumergido entre colores, formas, secuencias y ruidos de fondo. En tanto que la asimilación de una palabra requiere del conocimiento de un lenguaje y de una lengua, la imagen, por su parte, se procesa automáticamente: se ve, y con eso es suficiente

Giovanni Sartori - El hommo videns. La sociedad teledirigida


Cuál de las siguientes afirmaciones no representa las ideas que propone el autor

A. la sociedad actual privilegia la imagen sobre el contenido escrito
B. la niñez está enfrentada a un mundo de cosas que no se explican sino que sólo se muestran
C. los conceptos, como formulaciones del lenguaje y productos de la reflexión se están perdiendo
D. el mundo moderno carece de imágenes profundas que permitan al público reflexionar la realidad



Texto 3.

Caricatura Betto, El Espectador, 07 de julio de 2011.



 El mensaje de la caricatura es

A. Los consumidores se sienten oprimidos al adquirir productos
B. En el mercado se enfrentan consumidores y productores
C. La publicidad es importante para la sociedad de consumo
D. Las personas están atrapadas por las dinámicas de consumo.






lunes, 28 de marzo de 2016




"Las cosas que menos tienen sentido suelen suceder a los ojos de todos, bajo el mediodía de la razón"

(Acceder a las preguntas a través del link Más información al final de esta entrada)

Ilustración de John Kenn.



Texto 1.


Entiendo que me imponen silencio, pero la palabra es nueva para mí, y como no conozco su sentido y sus complicaciones, mi inquietud aumenta. La confusión de las lenguas es un componente fundamental del modo de vivir aquí abajo; se está rodeado por una perpetua Babel en la que todos gritan órdenes y amenazas en lenguas que nunca se han oído, y ¡ay de quien no las coge al vuelo! Aquí nadie tiene tiempo, nadie tiene paciencia, nadie te escucha; los que hemos llegado últimos nos reunimos instintivamente en los rincones, contra las paredes, para sentirnos con la espalda materialmente resguardada. Renuncio, pues, a hacer preguntas y en breve me hundo en un sueño amargo y tenso. Pero no es un descanso: me siento amenazado, hostigado, a cada instante estoy a punto de contraerme con un espasmo de defensa. Sueño y me parece que estoy durmiendo en mitad de una calle, de un puente, atravesado en una puerta por la que pasa mucha gente. Y aquí llega, ¡qué rápidamente!, el despertar. El barracón se sacude desde los cimientos, las luces se encienden, todos se agitan a mi alrededor en una actividad frenética repentina: sacuden las mantas levantando nubes de polvo fétido, se visten con prisa febril, corren afuera al hielo del aire exterior a medio vestir, se precipitan a las letrinas y los lavabos; muchos, como animales, orinan mientras corren para ganar tiempo porque dentro de cinco minutos empieza la distribución del pan, del pan–Brot–Broit–chleb–pain– lechem–kenyér, del sagrado pedacito gris que parece gigantesco en manos de tu vecino y pequeño hasta echarse a llorar en las tuyas. Es una alucinación cotidiana a la que uno termina por acostumbrarse: pero en los primeros tiempos es tan irresistible que muchos de nosotros, luego de discutir por parejas sobre la propia evidente y constante mala suerte y la escandalosa buena suerte del otro, acabamos por intercambiar nuestras raciones, con lo que la ilusión se reproduce de manera inversa dejando a todos contentos y frustrados.

Tomado del libro "Si esto es un hombre" de Primo Levi


Texto 2


He leído últimamente una serie de nuevas investigaciones sobre el holocausto y los campos de concentración, entre las que destaca el gran libro de Nikolaus Wachsmann KL, y me he percatado de que, como la mayoría de la gente, era víctima del error de creer que esos campos eran un lugar de exterminio. No lo eran, sino organizaciones industriales gestionadas con criterios económicos peculiares, pero muy racionales para obtener los máximos beneficios. En realidad, todo el sistema de dominación nazi estaba pensado según esos principios. La ocupación de territorios del Este, en Polonia y Rusia, se organizó para lograr la máxima producción de alimentos que proveerían a los ejércitos alemanes. Del mismo modo, los más de siete millones de prisioneros y trabajadores forzados extranjeros que había en el Reich estaban dedicados a producir. Cuando los polacos que trabajaban en los campos alemanes regresaron a su país, al fin de la guerra, no quedaba nadie para cultivar la tierra, de modo que los aliados se vieron forzados también a hacer trabajar a los prisioneros de guerra para paliar el hambre. Todo, hasta la propia aniquilación de los judíos, se pensó con criterios de rentabilidad. El protocolo de la conferencia de Wannsee de 20 de enero de 1942, que planeaba la eliminación final de los judíos de Europa, preveía que once millones de judíos fueran evacuados hacia un destino indefinido, en Rusia o más allá. Conducidos en grandes columnas, separados por sexos, se les haría construir carreteras. “No hay duda -añadía el protocolo- que se perderá una gran proporción de ellos a consecuencia de la selección natural. Los que queden necesitarán un tratamiento adecuado, porque sin duda representan la parte más resistente y se podrían transformar en el germen de una resurrección judía (pruebas de ello hay en la historia)”.

Pero la mejor muestra de racionalidad económica la tenemos en los grandes campos de concentración, donde, según cálculos de Wachsmann, murieron 1.700.000 personas (menos de la tercera parte de los seis millones de víctimas del holocausto). El secreto de su rentabilidad era utilizar hasta el agotamiento unos trabajadores que costaban muy poco de mantener y que eran exterminados cuando dejaban de ser útiles, como lo eran también la mayor parte de los hijos de las trabajadoras en las guarderías de las fábricas. Eliminar los costes improductivos garantizaba una alta competitividad.  Josep Fontana
Texto 3
27 de octubre de 1976. Estambul. Cerca del puente, en la parte europea. En pleno mediodía la densidad humana es casi insoportable. Miles de caras arriba y abajo. ¿Cómo fijarse en una? Pero de pronto me quedo paralizado observando una de ellas. Es un viejo delgado, tanto que casi se confunde con el zócalo en el que se apoya. Es un vendedor de agua. A sus pies, a la sombra de un tenderete, tiene su mercancía. Casi nadie lo mira. Los que lo miran creo que siquiera lo ven. No tiene importancia alguna. Es un rostro del pasado. A mí, no sé por qué razón, me parece que en esto estriba su poder, su enorme poder, circunstancia que ya he apreciado en otras ciudades ante otros vendedores de agua. El vendedor de agua no vende solamente agua, sino que ofrece un hilo invisible que mantiene unido los milenios.

Tomado de Rafael Argullol, “la crisálida, en Visión desde el fondo del mar”, Barcelona, Acantilado, 2010, p. 39.

jueves, 17 de marzo de 2016



*** "Mephisto", del director húngaro István Szabó es la primera de una lista importante de películas, que pretenden ser consideradas y analizadas bajo la opinión neófita, pero en lo posible franca y abierta, de algunos admiradores del cine. De no conseguirlo, que sirvan esas películas de pretexto para hablar de la realidad propia y de la de otros.




Mefistófeles

“Ellos vinieron”

Por: Iván Giraldo Giraldo

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada"
.
                                 Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1892-1984)

Habría que empezar por manifestar la forma como se refleja el poema en la película, pues el protagonista piensa que nunca va a ser tocado por el nacionalsocialismo que se tomó el poder en Alemania en el momento en que el desarrollaba su labor como actor reconocido profesional y socialmente por sus representaciones artísticas.

En un principio llegó incluso a pensar que el teatro tenía que cambiar en su forma ya que no llegaba al pueblo, llegó a pensar en el teatro verdaderamente revolucionario, que vinculara al pueblo y al público y contribuyera al cambio social que se requería; sin embargo, las condiciones sociales, políticas y laborales le hicieron renunciar al propósito que se había fijado.

Además la actitud egoísta, propia del artista enajenado  de la realidad, lo llevaron a doblegarse ante el poder estatal, y es así como renunció a sus propios ideales, para complacer los intereses y propósitos del régimen; este egoísmo también se ve reflejado en los celos que siente cuando una de sus colegas actrices es aplaudida y venerada al terminar una de sus presentaciones teatrales. Federico Nietzsche decía que “los hombres del mismo oficio se odiaban . . . “

Un hecho que llama la atención de la película es el hecho que Mefistófeles ha simbolizado la representación del mal, con una mente maquiavélica y calculadora que el protagonista representa teatralmente tanto en la prevalencia de un poder democrático, así  como, en la prevalencia de un poder autocrático y fascista como el nacionalsocialista.



La obra teatral como tal, reafirmaba soslayadamente el poder que regía en Alemania. Era una forma sutil y soterrada de manifestar las  intenciones de aquellos que en su momento ostentaban el poder. 


¿De qué color es un camaleón cuando se mira al espejo?        


por: Ricardo Pardo

El actor Klaus Maria Brandauer 
Los puntos más altos de la película Mephisto son siempre a costa del  personaje central. Gran parte de los aciertos del protagonista la representa la solidez del personaje, cuya construcción no se basó en una simple ambivalencia entre la vida del artista y la vida personal, o en un juego de contrastes entre lo íntimo y lo público, o entre el bien moral y el deber. .

Nuestro personaje, el reputado Hendrik Hoefgen,  que empezó su carrera como actor en la porteña ciudad de Hamburgo, nos muestra en cambio un espectro amplio de formas de ser, de pensar, de posicionarse, de convencer, sin que por ello se conduzca a inconsecuencias, o se atribuya  su actuar a desvaríos. 

Lo que piensa, reza y decide, aun cuando pueda parecer el producto más depurado de su reflexión o atado a ideales que le sobrepasan no es más que el reflejo de las condiciones vertiginosamente cambiantes de existir que impuso la hegemonía nazi en Europa. Así se nos muestra Mephisto, equívoco, inestable, dúctil, pero siempre verdadero.  Su carácter recuerda a aquellas cosas que de tanto cambiar ya no pueden volver a ser lo que eran. Todos los ángulos de su vida, sostenidos con habilidad  por su demagogia no parecen tener un verdadero centro. Pasa de ser un hombre ambicioso y ufano a ser pusilánime, de rigidez hombruna a íncubo clandestino, de contradictor a partidario, de camarada a burócrata. El personaje no tiene un centro de gravedad, excepto su capacidad de adaptarse. La mirada del personaje  dice mucho acerca de ésto. Hoefgen posee la capacidad, que ya muchos han puesto de moda, de no conectar su mirada con la de otros. Los oficiales nazis lo tenían como estrategia ante sus víctimas, era una forma más de desconocerlas, de anularlas, de negarles su humanidad. A nuestro personaje, al fín de cuentas, no parece importarle. Tal vez lo medita cuando se le ve frente al espejo,tal vez sea ese el momento en el que por fín Fausto mira a Mefisto.