viernes, 14 de abril de 2017



El escepticismo





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El término «escéptico» se aplica comúnmente a las personas con tendencia a dudar de las creencias aceptadas, o habituadas a desconfiar de la gente o de las ideas en general. En este sentido, el escepticismo puede caracterizarse como una tendencia saludable o un ejercicio propio de mentes abiertas que consiste en someter a prueba y demostrar las creencias comúnmente aceptadas. Un estado mental semejante suele ser una salvaguarda útil contra la credulidad, pero a veces también puede desembocar en la tendencia a dudar de todo, con independencia de las razones para hacerlo. Pero sea bueno o malo, el escepticismo en este sentido común es bastante distinto al escepticismo en sentido filosófico.

El escéptico filosófico no pretende que no sepamos nada (en buena medida porque pretenderlo encuentra sentada resultaría obviamente contradictorio: no podemos saber que no sabemos nada). La posición escéptica consiste más bien en cuestionar nuestro derecho a pretender algún conocimiento. Creemos saber muchas cosas, pero ¿cómo podemos defender esa pretensión? ¿Qué solidez podemos ofrecer para justificar cualquier afirmación concreta relativa al conocimiento? Nuestro supuesto conocimiento del mundo se basa en percepciones que nos proporcionan nuestros sentidos, por lo general mediadas por nuestro uso de razón. Pero ¿acaso esas percepciones no se encuentran sometidas en ocasiones al error? ¿Podemos estar completamente seguros de que no estamos sumidos en una alucinación o en un sueño, o de que nuestra memoria no nos tiende trampas? Si la experiencia del sueño es in-discernible de la experiencia de la vigilia, nunca podremos tener la certeza de que algo que pensamos que es, sea de hecho (ni de que lo que consideramos cierto lo sea). Estas inquietudes, llevadas al extremo, desembocan en los genios malignos y en los cerebros en cubetas... La epistemología, el ámbito de la filosofía consagrado al conocimiento, determina qué sabemos y cómo lo sabemos, e identifica en qué condiciones algo debe ser conocido para ser considerado conocimiento. Así entendida, puede concebirse como una respuesta al desafío del escepticismo; y su historia como las distintas tentativas de derrotar al escepticismo. A muchos autores les parece que ha habido pocos filósofos que hayan conseguido vencer al escepticismo mejor que Descartes. La posibilidad de que en el fondo no exista una vía de salida segura de la cubeta sigue proyectando una larga sombra sobre la filosofía.

domingo, 2 de abril de 2017

El cerebro en una cubeta



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El cerebro en una cubeta


Imaginad que un científico diabólico hubiera sometido a un experimento a un ser humano. Se habría extraído del cuerpo el cerebro de la persona y colocado en un recipiente con nutrientes que mantendría con vida el cerebro. Las terminaciones nerviosas estarían conectadas a una computadora super científica capaz de provocar en la persona la ilusión de que todo es completamente normal. Parecería haber gente, objetos, el cielo, etc.; pero en realidad todo lo que la persona experimentaría sería el resultado de impulsos que van desde la computadora hasta las terminaciones nerviosas.

¿Se trata de una pesadilla de ciencia ficción? Tal vez, pero eso es exactamente lo que diríamos si fuéramos un cerebro metido en una cubeta. Si nuestro cerebro estuviera en un recipiente en vez de en el cráneo, cada una de nuestras experiencias sería exactamente igual que si hubiéramos vivido en un cuerpo real inmerso en el mundo real. El mundo circundante —esta silla, el libro que sostenéis con las manos, y las propias manos— forma parte de la ilusión, la poderosísima computadora del científico introduce en vuestros cerebros los pensamientos y las sensaciones. Probablemente no creáis ser un cerebro flotando en una cubeta. Es posible que la mayoría de los filósofos no crean ser cerebros en cube-tas. Pero no se trata de que lo creamos sino tan sólo de admitir que no es posible tener la certeza de que no lo somos. El problema es que, si realmente somos un cerebro en una cubeta (simplemente no podemos descartar la posibilidad), todas las cosas que creemos conocer del mundo serían falsas. La mera posibilidad parece minar nuestras pretensiones de conocimiento acerca del mundo exterior. ¿Existe alguna forma de escapar de la cubeta?



Los orígenes de la cubeta

El clásico y elocuente relato moderno del «cerebro en una cubeta» lo urdió el filósofo norteamericano Hilary Putnam en su libro
Razón, verdad e historia (1981), pero el germen de la idea se remonta mucho más atrás. El experimento mental de Putnam actualiza una historia de terror del siglo  (el genio ma-ligno —
malin génie —, convocado por el filósofo francés René Descar-tes en sus Meditaciones de 1641). El propósito de Descartes consistía en edificar el conocimiento humano sobre fundamentos inquebrantables, para lo cual adoptó la «duda metódica» (desechaba cualquier creencia susceptible del menor grado de incertidumbre). 

Tras señalar el carácter engañoso de nuestros sentidos y la confusión propia de los sueños, Descartes llevó su «duda» hasta el límite: «Debo suponer ... que algún genio maligno inmensamente poderoso y astuto ha dedicado todas sus energías a engañarme. Debo pensar que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las formas, los sonidos y todas las cosas externas son meras ilusiones oníricas que este genio ha inventa-do para cautivar mi juicio». Entre los escombros de sus antiguas creencias y opiniones, Descartes vislumbra un solo punto de certeza —el cogito — en el que fundar de un modo (aparentemente) seguro la reconstrucción que se ha propuesto como tarea. Desgraciadamente para Putnam y Descartes, aunque ambos están haciendo de abogado del diablo —al adoptar posiciones escépticas para frustrar el escepticismo—, a algunos filósofos les ha impresionado más su habilidad para plantear el atolladero del escepticismo que sus pos-teriores tentativas para salir de él. Apelando a su propia teoría causal del significado, Putnam intenta mostrar que la escena del cerebro en una cubeta es incoherente, pero a lo sumo parece conseguir mostrar que de hecho un cerebro en una cubeta no podría expresar el pensamiento de ser un cerebro en una cubeta. Efectivamente, demuestra que el estado de ser un cerebro envasado es invisible e indescifrable para el espíritu, pero no está claro que esta victoria semántica (si lo es) consiga resolver el problema relativo al conocimiento.

miércoles, 23 de noviembre de 2016




GALILEO Y LA CAÍDA LIBRE. 



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En 1591 Galileo Galilei (1564 – 1642), decidió experimentar para comprobar la naturaleza de la gravedad y así resolver algunos de los nuevos conceptos que exponía la teoría heliocéntrica de Copérnico ( la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol ) en contra de la anterior teoría aristotélica del universo cuya norma planteaba la existencia de un Cosmos esférico y finito que tendría a la Tierra como centro (geocentrismo) ...
Para ello, galileo pasó semanas tirando diferentes objetos desde la Torre inclinada de Pisa, comprobando que, independientemente de su masa, tamaño y forma, los objetos tardaban el mismo tiempo en llegar al suelo cuando se lanzaban desde la misma altura ...

Demostrando además que la aceleración de la gravedad es idéntica para todos los cuerpos y que, en ausencia de la resistencia del aire, todos los objetos caen sobre la superficie de la tierra con la misma aceleración uniforme, y que esta aceleración es independiente de la masa del objeto que cae … la gravedad pues, no hace diferencia entre ligero y pesado ...



Pues bien, casi cuatro siglos después de estos estudios y experimentos,  el astronauta y comandante de la misión Apolo 15 David Scout, recreó la demostración de la teoría de Galileo en la Luna soltando a la vez un martillo y una pluma, comprobando que el ingenioso astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano volvía a tener razón en sus postulados … en ausencia de ninguna atmósfera y por tanto sin resistencia de aire, ambos llegaban al suelo a la vez …  
La caída libre se considera un movimiento uniforme acelerado si se lleva a cabo en el vacío. La aceleración en los movimientos de caída libre, conocida como aceleración de la gravedad, se representa por la letra g y toma un valor aproximado de 9,81 m/s2.  La velocidad inicial (Vo) por su parte, ha de ser cero, suponiendo que el objeto se deja caer y no se imprime sobre él una fuerza adicional. La velocidad final está representada por el signo (Vf). Por lo demás está el tiempo (t) y la altura (h). Las distintas variables de ese fenómeno se relacionan según se muestra en las siguientes fórmulas:



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Teniendo en cuenta la ecuación número 2, ¿cuál es la relación entre la gravedad y el tiempo en la caída libre de un objeto?


Ejercicio

Complete coherentemente el texto según los dos últimos artículos de este blog. Las opciones para completar los espacios se presentan seguidamente.


  
La historia de la humanidad está traspasada por diferentes concepciones como el mito, la religión, el arte o _____________(1). En cuanto a esta última, debemos reconocer que ha sufrido cambios a lo largo de su historia, desde que empezó ___________________(2). Una gran transformación sucedió hacia  _______________(3). A diferencia de la tradición marcada por Aristóteles la ciencia moderna se basó en________________ (4) como modo de validar su conocimiento. Los fenómenos para ser estudiados debían ser producidos bajo una serie de condiciones, sistemáticamente controladas. De no ser así no podrían _____________________(5) y por tanto no servirían para predecir su ocurrencia.

Uno de los padres de la ciencia moderna fue Galileo Galilei (1564 – 1642), quien no quería aceptar la tradición aristotélica sólo por que sí. Con respecto a la caída de los cuerpos, decidió experimentar para comprobar la naturaleza de la gravedad y así resolver algunos de los nuevos conceptos que exponía la teoría heliocéntrica de Copérnico, aquella que decía ____________________(6) En contra de esto la teoría aristotélica del universo cuya norma planteaba la existencia de un Cosmos esférico y finito que tendría __________(7) como centro (geocentrismo). Para ello, Galileo pasó semanas tirando diferentes objetos desde la Torre inclinada de Pisa, comprobando que, independientemente de su _________________(8), los objetos tardaban el mismo tiempo en llegar al suelo cuando se lanzaban desde la misma altura.  Para realizar la experimentación era necesario tener en cuenta las diferentes ___________(9) que intervienen en el fenómeno de caída libre. Para calcular el tiempo que tarda en caer un objeto que ha sido soltado en una cámara de vacío es necesario tener en cuenta entre otras variables _____________ (10) La velocidad final con la que cae el objeto  mantendría _____________(11) con el tiempo.

Con excepción de los ____________(12), el conocimiento científico es ampliamente reconocido como un conocimiento establecido de modo riguroso, y los métodos de la ciencia como medios confiables para establecer tal conocimiento.  Para el realista científico, el objetivo de la ciencia es llegar a la verdad acerca del mundo. El progreso científico consiste en el progreso hacia la verdad. El mundo que habitamos, y que la ciencia investiga, es una realidad _____________(13) que existe independientemente de la actividad cognitiva humana. Interactuamos con este mundo por medio de nuestras acciones, que están basadas en nuestros estados mentales, sin embargo, para el realista nosotros _________ (14), ni es dependiente en modo alguno de nuestras creencias, conceptos, experiencia o lenguaje.

El resultado de la investigación científica exitosa es el conocimiento. Los científicos descubren hechos acerca de conceptos (inobservables) cuya existencia es responsable de la conducta de los fenómenos observables. Estos descubrimientos se formulan a través de ___________(15), con ellas se sintetiza la relación entre conceptos __________(16) y fenómenos observables. 



OPCIONES DE RESPUESTA


1           1 .      A. la magia  B. la superstición  C. la ciencia  D. la verdad
             2.    A. hacia el siglo XVII   B. en el seno de la civilización griega 
             C. hasta que se estabilizó en el siglo XVI  D. hasta las teorías aristotélicas
       3.   A. el este de Europa   B. el siglo XVI   C. el fín del imperio romano  D. el siglo XX
       4.  A. las teorías   B. los problemas de la sociedad  
             C. la naturaleza         D. la experimentación
       5.   A. reconocerse las variables que dieron lugar al fenómeno
             B. entenderse los eventos ocurridos
             C. diferenciarse los hechos reales de aquellos que ocurren al interior de un laboratorio
             D. ocurrir los fenómenos
       6.   A. que la tierra y los planetas giraban alrededor del sol
              B. que la gravedad es mayor en la tierra que en la luna
            C. que un cuerpo liviano es atraído por la tierra a la misma velocidad que es   atraído un cuerpo liviano
              D. los astros se mueven por el universo gracias a la fuerza de gravedad
       7.  A. al sol   B. a Dios   C. un punto de alta densidad   D. a la tierra
       8.  A. masa   B. color   C. gravedad  D. velocidad inicial
       9.  A. teorías  B. variables  C. alturas  D. concepciones
       10.  A. la velocidad del viento      B. la gravedad 
               C. la altura                               D. la velocidad inicial
       11.  A. una oposición  B. una relación directa 
               C. poca relación   D. una relación   inversa
       12. A. científicos   B. filósofos  C. griegos  D. anti-realistas
       13. A. total    B. abstracta  C. objetiva   D. concreta
       14. A. no creamos este mundo   B. imaginamos el mundo 
             C. concebimos el mundo        D. somos ingenuos con respecto al mundo
      15. A. teorías  B. métodos  C. creencias  D. hipótesis
      16  A. abstractos  B. verdaderos  C. reales  D. concretos   


Respuestas: C;B;B;D;A;A;D;A;B;C;B;D;C;A;A;A


martes, 22 de noviembre de 2016




TEORÍA Y REALIDAD 

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Texto extraído de un artículo de Howard Sankey (2010), de la Universidad de Melbourne, titulado "Ciencia y Sentido común", modificado con fines pedagógicos.


Con excepción de los anti-realistas, el conocimiento científico es ampliamente reconocido como un conocimiento establecido de modo riguroso, y los métodos de la ciencia como medios confiables para establecer tal conocimiento. En efecto, algunos consideran que la ciencia es nuestra mejor, si no nuestra única, fuente de conocimiento; sin embargo, decir que la ciencia otorga conocimiento no resuelve aún la cuestión acerca de lo que es la ciencia. Todavía permanece el problema de la relación entre ciencia y realidad. ¿La ciencia nos otorga conocimiento de una realidad que existe independientemente? ¿Revela la verdad acerca del ‘mundo externo’?

Para el realista científico, el objetivo de la ciencia es llegar a la verdad acerca del mundo. El progreso científico consiste en el progreso hacia la verdad. El mundo que habitamos, y que la ciencia investiga, es una realidad objetiva que existe independientemente de la actividad cognitiva humana. Interactuamos con este mundo por medio de nuestras acciones, que están basadas en nuestros estados mentales. Sin embargo, nosotros no creamos este mundo, ni es dependiente en modo alguno de nuestras creencias, conceptos, experiencia o lenguaje.

El resultado de la investigación científica exitosa es el conocimiento. Los científicos descubren hechos acerca de conceptos (inobservables) cuya existencia es responsable de la conducta de los fenómenos observables. Estos descubrimientos se formulan a través de teorías. Es decir, una teoría científica sintetiza la relación entre conceptos abstractos y fenómenos observables. Por ejemplo, una teoría propuesta por Darwin, llamada correlación predice que ciertas formas de las distintas partes de los seres orgánicos siempre están ligadas a determinadas formas de otras partes, que aparentemente no tienen ninguna relación con las primeras. Así bien, los gatos totalmente blancos y de ojos azules son siempre o casi siempre sordos. Lo que la teoría hace es relacionar algo existente en forma de regle o de principio (que no es tangible) con un conjunto de hechos. 

Según el ejemplo, ¿qué es lo que no se ve pero existe? Respuesta: el concepto de correlación. Y existe no sólo como palabra, sino que actúa en la realidad, es decir que hace que pasen cosas que se pueden ver.

En el mismo ejemplo, ¿cuáles son los fenómenos observables? Respuesta: un tipo de fenómeno es, que los gatos totalmente blancos son casi siempre sordos. Otro hecho observable de la teoría es que los animales que tienen la pezuña hendida son por lo general rumiantes.


lunes, 21 de noviembre de 2016


La razón estrangulada

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La paradoja que define el mundo actual es que cada día dependemos más de la ciencia y la tecnología, cada día la ciencia sabe más cosas y nos explica mejor el mundo, pero también cada día la gente siente menos aprecio por ella. Cualquier chaval se sabe todos los jugadores de la liga inglesa de fútbol. Leen y releen sus biografías. Los medios de comunicación occidentales los ponderan como héroes. Pero ningún adolescente conoce algo de algún científico. Los desprecian: piensan que sus vidas son aburridas y decepcionantes en comparación con las de cantantes o futbolistas. Las vocaciones científicas se pierden alarmantemente en Occidente. El diferencial entre lo que la ciencia sabe y lo que la gente culta sabe de ciencia se incrementa hasta tal punto que la población considera que es imposible seguir su progreso y, literalmente, le da la espalda. Hay gente en puestos altísimos de la sociedad actual que aún piensa que es el sol el que gira alrededor de la Tierra o que los dinosaurios y los hombres vivieron en la misma época. Este desprecio por las ciencias en un fenómeno relativamente nuevo e imparable en el mundo occidental.

En la Inglaterra de hoy, un país que representa como ningún otro el desarrollo científico, el desprecio por la ciencia ha venido creciendo. Esto hubiese sido pensable de países como España, que históricamente ha dado la espalda a las ciencias, pero no de Inglaterra. No en vano, España no formó parte de la revolución científica de los siglos XVII, XVIII y XIX, lo cual tendría que pesar aún como una losa sobre nosotros. Pero que esta preocupación se refiera a una sociedad como la inglesa es demasiado. Quizá sea Inglaterra el país que más ha contribuido a la historia de la ciencia. Al país sede de la sociedad que durante siglos ha sido la institución más prestigiosa del mundo: la Royal Society, presidida, entre otros, por Isaac Newton. ¿Cómo podía suceder este fenómeno de desprecio por la ciencia también en este país? No se entiende porque allá, al contrario de España, todo lo que había tenido que ver con la ciencia y su divulgación se había hecho bien. La Royal Society había sido el motor que había convertido lo que era más que un pasatiempo de caballeros – la ciencia – en una profesión que cambiará al mundo. Se fundó en Londres en 1662, aunque desde 1645 ya había reuniones de un grupo de personas interesados en la ciencia.

Uno de los logros de la Royal Society fue que introdujo una costumbre que revolucionaría la ciencia: la publicación de revistas periódicas para comunicar a todos los resultados científicos. Estas fueron las precursoras de las revistas y libros de divulgación, no es casualidad entonces que la revista de mayor impacto sea la británica Nature.

Para que el lector entienda el contraste con España, mencionaré que en dicho país no se formó una sociedad científica similar hasta bien avanzado el siglo XIX. Fueron dos siglos de retraso que resultaron fundamentales en la historia de la ciencia. Cuando en Inglaterra se mencionaba la Royal Society, todo el mundo entiende que se está hablando de ciencia; por contraste, cuando en España se menciona a su equivalente, la Real Academia, todo el mundo entiende lo contrario: que se habla de letras. Por ello, tal vez, el Español sólo es un idioma de letras y el inglés de letras y ciencia. Y por eso, tal vez, el inglés sea más importante que el Español. En cualquier caso, las diferencias entre ambos países, en cuanto a las ciencias, son obvias.


Lamentablemente la influencia cultural que tuvo España durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX en América propiciaría que en aquellos países de ese continente en los que España ejerció más su poder político y cultural, la actividad científica y aprecio por las ciencias fueran también muy débiles, condicionando el actual retraso tecnológico y económico.
  Más información ...........                                            PREGUNTAS

lunes, 14 de noviembre de 2016



                                                         CONCEPTOS (11)

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Muchos términos son utilizados a la hora de analizar la realidad social y logran comunicar ideas y opiniones, pero a veces no han tomado una forma estable, se presentan desordenados, equívocos, desatados. Se hace necesario conceptualizarlos, es decir, darles una forma estable, de modo que, cuando se digan, aunque sea en diferentes momentos y contextos, apunten a un mismo lugar, de una manera coherente.

Algunos conceptos que pueden ayudar a nombrar la realidad y a poner en circulación ideas sobre ésta son los siguientes:


Clases sociales


 Grandes conjuntos de seres humanos que comparten un mismo modo de vida y una misma condición de existencia. Se diferencian, se enfrentan entre sí, construyen su propia identidad social y se definen tanto por su posesión o no posesión de los medios de producción como por sus intereses, su cultura política, su experiencia de lucha, sus tradiciones y su conciencia de clase (de sí mismos y de sus enemigos). Las clases explotadoras viven a costillas de las explotadas, las dominan y las oprimen, por eso están en lucha y conflicto permanente a lo largo de la historia.

Modos de producción
 Conjunto articulado de relaciones sociales de producción. Los diversos modos de producción permiten periodizar la historia humana. Según la teoría marxista de la historia, cada uno de ellos expresa las relaciones sociales en su máxima pureza y en su concepto esencial. En las sociedades empíricas y concretas, las relaciones sociales nunca se dan puras, están combinadas con relaciones de otros modos de producción (siempre hay uno que predomina sobre los demás).


Medios de Producción

  • En general, podemos entender por medios de producción los instrumentos y materiales que intervienen en el proceso de trabajo. De este modo, hacen referencia a la obtención de materias primas, a la producción de los derivados de las mismas y a todo lo que conduzca a la obtención final de los bienes materiales. Todo aquello que el ser humano requiere para actuar sobre la Naturaleza o sobre los objetos en general se puede incluir en los medios de producción, si cumple con el requisito que se acaba de mostrar: que el resultado final que se pretende sea el de la obtención de bienes materiales.
  • Así, se consideran medios de producción la tierra, las herramientas (elementales o complejas, como las máquinas), las unidades materiales de producción (fábricas, talleres y oficinas), los almacenes, los transportes y el dinero.
  • Dependiendo de las épocas y de las sociedades, se producen modificaciones en la relación de medios de producción. Algunos, como los útiles, están presentes en todas las culturas. Sin embargo, mientras en algunas sociedades la tierra tan sólo genera derechos de uso, en otras, además de producir estos mismos derechos genera también otros, como los de propiedad. Las primeras sociedades que incorporaron el dinero lo hicieron hacia el siglo VII a. C., mientras que otras lo han hecho en época tan reciente como el siglo XX. El capitalismo y la industrialización consecuente han hecho más compleja la relación de medios de producción.

Conciencia de clase

Identidad cultural y comprensión política, pensada, vivida y sentida por cada grupo social sobre sus intereses a largo plazo. No se adquiere ni se logra por decreto, sino a partir de experiencias históricas, tradiciones y luchas políticas. Nunca está dada. Jamás preexiste. Se va construyendo a partir de los conflictos. La mayoría de las veces se genera a saltos. Cuando se logra, la clase trabajadora puede pasar de la necesidad económica a la voluntad política. La conciencia de clase es parte beligerante en la lucha de clases. Empezar a construirla es comenzar a ganar la lucha.

Plusvalía o plusvalor


Fracción del valor producido por la fuerza de trabajo que es apropiada gratuitamente por el capitalista. Constituye el origen de la explotación. Representa un trabajo impago. Se produce en un tiempo de trabajo excedente. Es la fuente de vida del capital. Se divide y reparte entre diferentes capitalistas: como interés (bancos); ganancias (industriales) y rentas (terratenientes).

Praxis
 Actividad humana que transforma la sociedad y la naturaleza transformando, al mismo tiempo, al sujeto que la ejerce. Ya sea en la política, en el arte, en la ciencia o en el trabajo productivo. Como concepto, expresa la unidad de la teoría y la práctica. Es la categoría fundamental de la filosofía de Marx.

Tasa de retorno del mercado

Es un indicador financiero que muestra el porcentaje de ganancia que un capitalista puede obtener al adquirir activos no productivos. Cuando el capitalista busca hacer una inversión en una unidad productiva evalúa primero este índice, de modo tal que, si la tasa de ganancia del negocio evaluado es mayor que la TRM pues tendrá sentido realizar la inversión. Ejemplo: un empresario cuenta con 200 millones para invertir, si lo hace en una fábrica la ganancia al final del año será de 12 millones, es decir, el 6%, y si lo hace comprando un apartamento le dará también 12 millones, cuál es la mejor opción? Por supuesto la segunda, porque la opción 1 no supera la TRM y en cambio genera riesgos y obligaciones laborales adicionales. La conclusión es que el capital debe crecer por encima de la tasa que ofrece el mercado, de otro modo generará pérdidas operacionales.


Lea el siguiente texto, e interprete cómo la conciencia se relaciona con las condiciones materiales de existencia, es decir, las condiciones reales en las que se desenvuelve la vida humana.

"Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero los hombres son reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que a él corresponde, hasta llegar a sus formaciones más amplias. La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real. Y si en toda la ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en la cámara oscura, este fenómeno responde a su proceso histórico de vida, como la inversión de los objetos al proyectarse sobre la retina responde a su proceso de vida directamente físico. Totalmente al contrario de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, aquí se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vía. También las formaciones nebulosas que se condensan en el cerebro de los hombres son sublimaciones necesarias de su proceso material de vida, proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales. La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ellas corresponden pierden, así, la apariencia de su propia sustantividad. no tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Desde el primer punto de vista, se parte de la conciencia como del individuo viviente; desde el segundo punto de vista, que es el que corresponde a la vida real, se parte del mismo individuo real viviente y se considera la conciencia solamente como su conciencia."

Marx, La ideología alemana.


sábado, 8 de octubre de 2016






¿NOS INTERESA LA VERDAD?

Tomado del libro El mundo y sus demonios. 
por: Carl Sagan




¿Nos interesa la verdad? ¿Tiene alguna importancia? ... donde la ignorancia es una bendición es una locura ser sabio, escribió el poeta Thomas Gray. Pero ¿es así?


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 Edmund Way Teale, en su libro de 1950 Círculo de las estaciones, planteó mejor el dilema: Moralmente es tan malo no querer saber si algo es verdad o no, siempre que permita sentirse bien, como lo es no querer saber cómo se gana el dinero siempre que se consiga. Por ejemplo, es descorazonador descubrir la corrupción y la incompetencia del gobierno, pero ¿es mejor no saber nada de ello? 

¿A qué intereses sirve la ignorancia? Si los humanos tenemos, por ejemplo, una propensión hereditaria al odio a los forasteros, ¿no es el autoconocimiento el único antídoto? Si ansiamos creer que las estrellas salen y se ponen para nosotros, que somos la razón por la que hay un universo, ¿es negativo el servicio que nos presta la ciencia para rebajar nuestras expectativas? En La genealogía de la moral, Friedrich Nietzsche, como tantos antes y después, critica el «progreso ininterrumpido en la autodesvalorización del hombre» causado por la revolución científica. Nietzsche lamenta la pérdida de la «creencia del hombre en su dignidad, su unicidad, su insustituibilidad en el esquema de la existencia». Para mí es mucho mejor captar el universo como es en realidad que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y reconfortante que sea. ¿Qué actitud es la que nos equipa mejor para sobrevivir a largo plazo? ¿Qué nos da una mayor influencia en nuestro futuro? Y si nuestra ingenua autoconfianza queda un poco socavada en el proceso, ¿es tan grande la pérdida, en realidad? ¿No hay motivo para darle la bienvenida como una experiencia que hace madurar e imprime carácter? Descubrir que el universo tiene de ocho mil a quince mil millones de años y no de seis mil a doce mil mejora nuestra apreciación de su alcance y grandeza; mantener la idea de que somos una disposición particularmente compleja de átomos y no una especie de hálito de divinidad, aumenta cuando menos nuestro respeto por los átomos; descubrir, como ahora parece posible, que nuestro planeta es uno de los miles de millones de otros mundos en la galaxia de la Vía Láctea y que nuestra galaxia es una entre miles de millones más, agranda majestuosamente el campo de lo posible; encontrar que nuestros antepasados también eran los ancestros de los monos nos vincula al resto de seres vivos y da pie a importantes reflexiones —aunque a veces lamentables— sobre la naturaleza humana. Sencillamente, no hay vuelta atrás. Nos guste o no, estamos atados a la ciencia.

    Lo mejor sería sacarle el máximo provecho. Cuando finalmente lo aceptemos y reconozcamos plenamente su belleza y poder, nos encontraremos con que, tanto en asuntos espirituales como prácticos; salimos ganando. Pero la superstición y la pseudociencia no dejan de interponerse en el camino para distraer a todos los «Buckiey» que hay entre nosotros, proporcionar respuestas fáciles, evitar el escrutinio escéptico, apelar a nuestros temores y devaluar la experiencia, convirtiéndonos en practicantes rutinarios y cómodos además de víctimas de la credulidad. Sí, el mundo sería más interesante si hubiera ovnis al acecho en las aguas profundas de las Bermudas tragándose barcos y aviones, o si los muertos pudieran hacerse con el control de nuestras manos y escribirnos mensajes. Sería fascinante que los adolescentes fueran capaces de hacer saltar el auricular del teléfono de su horquilla sólo con el pensamiento, o que nuestros sueños pudieran predecir acertadamente el futuro con mayor asiduidad que la que puede explicarse por la casualidad y nuestro conocimiento del mundo. Todo eso son ejemplos de pseudociencia. Pretenden utilizar métodos y descubrimientos de la ciencia, mientras que en realidad son desleales a su naturaleza, a menudo porque se basan en pruebas insuficientes o porque ignoran claves que apuntan en otra dirección. Están infestados de credulidad. Con la cooperación desinformada (y a menudo la connivencia cínica) de periódicos, revistas, editores, radio, televisión, productores de cine y similares, esas ideas se encuentran fácilmente en todas partes. Mucho más difíciles de encontrar, como pude constatar en mi encuentro con el señor «Buckiey», son los descubrimientos alternativos más desafiantes e incluso más asombrosos de la ciencia. 

     La pseudociencia es más fácil de inventar que la ciencia, porque hay una mayor disposición a evitar confrontaciones perturbadoras con la realidad que no permiten controlar el resultado de la comparación. Los niveles de argumentación, lo que pasa por pruebas, son mucho más relajados. En parte por las mismas razones, es mucho más fácil presentar al público en general la pseudociencia que la ciencia. Pero eso no basta para explicar su popularidad. Naturalmente, la gente prueba distintos sistemas de creencias para ver si le sirven. Y, si estamos muy desesperados, todos llegamos a estar de lo más dispuestos a abandonar lo que podemos percibir como una pesada carga de escepticismo. La pseudociencia colma necesidades emocionales poderosas que la ciencia suele dejar insatisfechas. Proporciona fantasías sobre poderes personales que nos faltan y anhelamos (como los que se atribuyen a los superhéroes de los cómics hoy en día, y anteriormente a los dioses). En algunas de sus manifestaciones ofrece una satisfacción del hambre espiritual, la curación de las enfermedades, la promesa de que la muerte no es el fin. Nos confirma nuestra centralidad e importancia cósmica. Asegura que estamos conectados, vinculados, al universo. A veces es una especie de hogar a medio camino entre la antigua religión y la nueva ciencia, del que ambas desconfían. En el corazón de alguna pseudociencia (y también de alguna religión antigua o de la «Nueva Era») se encuentra la idea de que el deseo lo convierte casi todo en realidad. Qué satisfactorio sería, como en los cuentos infantiles y leyendas folclóricas, satisfacer el deseo de nuestro corazón sólo deseándolo. Qué seductora es esta idea, especialmente si se compara con el trabajo y la suerte que se suele necesitar para colmar nuestras esperanzas. El pez encantado o el genio de la lámpara nos concederán tres deseos: lo que queramos, excepto más deseos. ¿Quién no ha pensado —sólo por si acaso, sólo por si nos encontramos o rozamos accidentalmente una vieja lámpara de hierro— qué pediría? Recuerdo que en las tiras de cómic y libros de mi infancia salía un mago con sombrero y bigote que blandía un bastón de ébano. Se llamaba Zatara. Era capaz de provocar cualquier cosa, lo que fuera. ¿Cómo lo hacía? Fácil. Daba sus órdenes al revés. O sea, si quería un millón de dólares, decía «seralód ed nóllim, nú emad». Con eso bastaba. Era como una especie de oración, pero con resultados mucho más seguros. A los ocho años dediqué mucho tiempo a experimentar de esta guisa, dando órdenes a las piedras para que se elevasen: «etavéle, ardeip». Nunca funcionó. Decidí que era culpa de mi pronunciación.